Los Ángeles en el Sacramento del Bautismo
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Evidentemente que la presencia de los ángeles en los sacramentos, y en todas "las acciones litúrgicas", es constante y permanente. Si por ejemplo, tomamos el bautismo como punto de partida, veremos que en la tradición cristiana de la antigüedad, hay dos lugares en que esta presencia angelical tiene una relación con el sacramento del bautismo.
El primero de ellos, es el espectacular ritual de la consagración del agua bautismal, o agua bendita, pues es una sacralización del elemento agua.
No es pues extraño que en las exhortaciones sobre el bautismo tengan lugar en el episodio de la piscina de Betesda en Jerusalén. El más antiguo testigo de esta relación entre el agua bautismal y el Ángel, es Tertuliano, en su tratado sobre el bautismo, donde dice textualmente: "las aguas fueron sanadas en cierta manera por la intervención del Ángel", y añade: "Purificados en el agua y conducidos por un Ángel, nos disponemos a recibir al Espíritu Santo".
Y a continuación dice: "El Ángel que está presente en el bautismo prepara el camino del Espíritu Santo que ha de venir destruyendo el pecado original".
En la primitiva iglesia africana existe una confirmación de esta idea debida a San Optato, que afirma: "¿De dónde os vendría el Ángel que agita las aguas de vuestra fuente?". También existe una bonita oración en el sacramentario gelasiano para la consagración del agua bautismal, que dice: "Envía a tu Santo Ángel sobre estas aguas preparadas para purificar y vivificar a los hombres, con el fin, que lavados y purificados de su vida pasada y destruido el pecado, disponga una morada pura al Espíritu Santo".
También en el antiguo Misal Gótico hay una oración excelsa que pide: "Descienda sobre estas aguas el Ángel Santo de tu bendición", o "Dígnate hacer que el Ángel de tu bondad esté presente en estas santas fuentes".
Junto a estos conceptos de auténtico ritual de purificación de las aguas, ríos, mares, canales, fuentes, cascadas, torrentes, la intervención de los ángeles es constante, permanente; en un antiguo ritual medieval, los antiguos campesinos de la Galia, pedían la ayuda del ángel con esta singular plegaria: Calma Santo Ángel tú que nos protejes de las tempestades, estas turbulentas aguas del Carona, para que no inunde nuestras casas, y crezcan los peces nuestro alimento cotidiano.
Son unas preces de cierto sentido práctico que se daban con frecuencia en muchos pueblos del medievo y que aún se realizan.
Además de esta atractiva concepción que asocia a los Ángeles a la consagración del agua bautismal, existe otra según la cual los Ángeles están invisiblemente presentes en el bautismo para alejar el espíritu del mal, es decir, al diablo. San Ambrosio mismo afirma que la renuncia al diablo tiene lugar en presencia de los ángeles.
En el mismo sentido, algunos autores griegos explican que en el momento del bautismo los ángeles que asisten a la celebración del ritual se regocijan con el recién nacido alabando a Dios.