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Personalidad de los Ángeles


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En los libros recientes, la personalidad de los ángeles se describe con mayor precisión. En primer lugar, se da una separación muy clara entre ángeles buenos y malos, en oposición constante entre sí y se encuentran varias expresiones que definen el concepto de algunos de estos "servidores de Dios".

Por ejemplo encontramos, "Ángeles de Dios", se menciona también "hijos de Dios, o ejército de Dios", "ejército celestial", e incluso "fuerza armada de Dios", y un ángel al que se le suele llamar "ángel exterminador". Hay también un "ángel de la luz", que es en realidad otro nombre que recibe el "ángel custodio", porque ilumina todas las acciones del hombre.

En cuanto a los querubines y a los serafines, que ciertamente no son mensajeros destinados a las relaciones con la tierra, terminarán por formar una categoría especial de ángeles.

Queda por señalar la denominación característica de "ángel de Yhavhé", cuya significación varía según los textos.
Desde el increíble ángel que se aparece a Manué hasta el que ilumina a Zacarías, desde los que fustigan a Heliodoro, hasta el ángel caminante que conduce al joven Tobías, desde el que consuela a Agar, hasta el que pone en libertad a San Pedro, e ilumina a San Pablo para que escriba sus cartas a las iglesias orientales y anime a los cristianos de Grecia a proclamar el mensaje de Cristo.

La existencia de los ángeles se hace más patente en la epopeya de los Macabeos, aquellos resistentes que se sublevaron contra la ocupación de su país por los sirios y que defendieron arriesgadamente el culto al verdadero Dios contra la idolatría.

En otro pasaje similar, la Biblia narra con pelos y señales, la ocupación de Judea por los sirios; nos cuenta que un ángel intervino en el trágico suceso el día que Heliodoro, primer ministro del rey Seleuco, intentó robar el tesoro del Templo.

Toda Jerusalén, ante este desmán, invocó la ayuda de Dios, y ante las negativas del pueblo afligido, Dios manifestó su poder divino.

Y así, cuando Heliodoro penetró en la cámara del tesoro, se apareció un terrible jinete, montando un brioso corcel, adornado con un riquísimo arnés y arremetió furiosamente contra el malvado rey.

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