Dios escucha la oración del pobre y le hace justicia sin tardar
Eclesiástico 21, 5
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¡Ir al cielo!
No sé cuándo.
¡No me preguntes cómo!
Estoy demasiado asombrada
para responderte.
¡Ir al cielo!
¡Qué remoto suena!
Y sin embargo, sucederá,
¡tan cierto como que los rebaños vuelven por la noche
a los brazos del Pastor!
¡Quizá tú vayas también!
¿Quién sabe?
Si fueras allí primero
guarda un poco de espacio para mí
junto a los dos que perdí.
El «manto» más humilde me irá bien
así como un pedacito de «corona».
Pues sabes que no importa la ropa
cuando estamos yendo a casa.
Emily Dickinson
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El dolor por la muerte de otro
Adiós, hermano menor.
Desde las alturas
los dioses han venido a por mí,
nunca me verás de nuevo.
Pero cuando los chubascos caigan sobre ti
y suene el trueno,
rezarás:
«Es la voz de mi hermano mayor».
Y cuando la cosecha madure,
y oigas las voces
de los hermosos pajarillos,
y chirríe el saltamontes,
rezarás:
«Es la voz de mi hermano mayor;
es la huella de su alma».
Tradición indígena norteamericana, pueblo Navajo
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Con tan solo el silencio como bendición
vienen los ángeles de Dios, hasta donde,
a la sombra de una gran aflicción, el alma permanece muda.
Pero, como todo corazón sabe, la voluntad de nuestro Padre,
llamando a él a los que ama, es misericordia también.
Ni sobre nosotros ni los nuestros el ángel solemne
ha causado mal;
La antífona funeraria es alegre evangelio.
¡El bien no muere!
Dios llama a nuestros seres amados, pero no amamos plenamente
lo que él ha dado;
viven en la tierra en pensamiento y actos tan verdaderamente
como en su cielo.
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