CALLADAMENTE LLAMAS
¡Oh, Espíritu Santo! Con sabiduría eterna fuerzas dulcemente, sin quitarles la libertad, a las criaturas racionales que quieren recibir tus dones. Llamas al corazón de todos, pero llamas calladamente, para que cada uno se disponga a recibir estos dones. Vas cantando suavemente con dulce llanto. Vas gozando, llorando y buscando que todos se dispongan a recibirte. Que el entendimiento admire, la voluntad se dé cuenta y la memoria atienda tu bondad inmensa. ¡Oh Espíritu Santo, que te infundes a Ti mismo y a tus dones en el alma! ¡Oh Espíritu procedente del Padre y del Verbo!, te infundes al alma de modo tan suave que no es notado y, no siendo notado, es estimado por pocos. Sin embargo, además de tu bondad, Tú infundes al alma la potencia del Padre y la sabiduría del Hijo, y el alma, hecha tan poderosa y sabia, es apta para llevarte en su interior como dulce huésped, acariciándote y comportándose de modo que Tú te complazcas en ella y no te separes más.
Santa María Magdalena de Pazzi
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BESO DE LA TRINIDAD
¡Oh Espíritu santo, Amor!
Tú eres el beso suavísimo de la Santísima
Trinidad,
que une al Padre y al Hijo.
Tú eres aquel beso bendito que la divinidad
dio a la humanidad por medio del Hijo de
Dios. ¡Oh beso dulcísimo!
No me abandone tu
vínculo, a mí, granito de polvo;
tus abrazos me estrechen hasta que sea una sola cosa con Dios.
Hazme, Dios viviente, experimentar las delicias que encierras;
dulcísimo amor mío, haz que te abrace, que me una a Ti.
¡Oh Dios Amor! Tú eres mi posesión más
querida, sin la que nada más espero,
quiero ni deseo ni en el Cielo ni en la tierra.
Amén.
Santa Gertrudis
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QUE AMÁNDOTE, YO MUERA
¡Oh, Espíritu Santísimo, amor dulcísimo!, sopla en mi huerto y corran los aromas por él, Tú que no aborreces nada de lo que has hecho; brille el resplandor de Nuestro Señor Dios sobre nosotros; no desdeñes las obras de tus manos, y renueva un espíritu recto en mis entrañas, para que amándote a Ti, yo muera, y muriendo, te ame por los siglos de los siglos.
Amén.
San Francisco de Borja