DULCE LUZ QUE ME LLENAS (fragmento)
¿Quién eres Tú, dulce luz que me llenas
e iluminas la oscuridad de mi corazón?
Me conduces igual que una mano materna
y si me dejas libre,
no sabría ni dar un paso.
Tú eres el espacio
que envuelve todo mi ser y lo encierra en sí,
abandonado de Ti cae en el abismo
de la nada, donde Tú lo elevas al Ser.
Tú, más cercano a mí que yo misma
y más íntimo que mi intimidad,
y aún inalcanzable e incomprensible,
y que todo nombre haces renacer:
Espíritu Santo,
¡Amor Eterno!
¿No eres Tú el dulce maná
que del corazón del Hijo
en el mío fluye,
alimento de los ángeles y de los santos?
Él, que de muerte a vida se elevó,
Él me ha despertado también a mí a nueva
vida, del sueño de la muerte.
Y nueva vida me da, día tras día.
Y un día su abundancia me sumergirá vida de tu vida, sí, Tú mismo:
Espíritu Santo,
¡Vida Eterna!
Beata Edith Stein
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NOSTALGIA DE DIOS
Mi alma languidece tras el Señor,
y le busco con lágrimas.
¿Cómo te buscaré?
Tú has sido el que me has encontrado.
Me has concedido vivir
la dulzura de tu Espíritu Santo
y mi corazón te ama.
Tú, Señor,
ves mis penas y mis lágrimas...
Si no me hubieras atraído por tu amor,
no te buscaría como te busco.
Pero tu Espíritu
me ha concedido conocerte
y mi alma se alegra
porque eres mi Dios y Señor,
y hasta con lágrimas
languidezco tras de ti.
Señor misericordioso,
Tú ves mi caída y mi dolor;
pero humildemente
imploro tu clemencia:
derrama sobre mí, pecador,
la gracia de tu Espíritu Santo.
Su recuerdo lleve a mi espíritu
a buscar de nuevo tu misericordia.
Señor, dame tu humildad,
para que no vuelva a perder tu gracia
y no tenga que lamentarme como Adán,
que lloraba por haber perdido a Dios
y con Él el Paraíso.
Silvano del Monte Athos