INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo,
ven por medio de la poderosa intercesión
del Inmaculado Corazón de María tu amadísima Esposa.
P. Stefano Gobbi
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ESPOSA DEL ESPÍRITU SANTO
Tú, dulce Espíritu, que todo bien creas, Tú, la paz de mi alma, luz y fuerza, omnipotencia del amor eterno, ¡oh! muéstrate a mí en visible forma.
Allá en el Jordán el Hijo del hombre se
mostró, su cabeza divina en profunda humildad
inclinó, entonces Tú viniste, sobreabundancia de toda
pureza, bajo la forma luminosa de una paloma ligera.
Los discípulos te oyeron en la brama de la
tormenta, la casa tiembla por los impetuosos silbidos; sobre sus cabezas titilan como lenguas de
fuego, tu fuego de amor domina el corazón.
Pero Tú creaste una fiel imagen, purísima flor de la creación, divina y mansa. En un rostro humano, celeste, claro, se revela la plenitud de tu luz.
En sus ojos resplandecen ascuas de amor, e infunde frescor como de cristalina agua. Su sonrisa es esplendor de alegría feliz que cual bálsamo se vuelca sobre el corazón herido.
Con mano maternal y dulcemente conduce, con la fuerza de tu fuerza, a su hijo. Donde sus pies pisan florece y reverdece, y el resplandor del Cielo ilumina la naturaleza.
La brillante gloria de la plenitud de gracia la ha elegido desde la eternidad para el Trono, y a través de ella fluye hacia la tierra y todo don viene de sus manos.
Como esposa está unida a Ti
indisolublemente ¡Oh, dulce Espíritu! Yo te he encontrado. Tú me revelas la luz de tu divinidad, clara resplandeciente, en el rostro de María.
Beata Edith Stein
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DANOS AMOR A LA VIRGEN MARÍA
¡Oh Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida. ¡Oh Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta.
Amén.
San Luis María Grignion de Montfort
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