La dieta del Dr. Dukan

 

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Adoración de los Magos

«Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a verle. Al oír esto el rey Herodes se sobresaltó, y con él toda Jerusalén; convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le contestaron: "En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta..."» (Mt 2,1-5).

Muchos exegetas no ven en este pasaje de los Magos más que una bella narración fabulada. El evangelista san Mateo no pretende nacer Listona. Su intención clara es mostrar que Jesús viene a salvar a todas las naciones. Y nos informa de cómo su pueblo rechaza a Jesús, mientras que los gentiles le acogen y adoran.

Nunca dice que fueran reyes, ni que fueran tres, ni de qué nación venían. Sólo precisa: «de Oriente».

La tradición cristiana comenzó pronto a darles atributos reales. Acaso naciendo una transposición del Salmo 71, que dice: «Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán dones, los reyes de Arabia y de Saba le traerán presentes»; y del pasaje en que Isaías (60,6) Labio de que todos los de Saba vendrían con oro e incienso. ¿Cómo se llamaban los Magos? En el siglo VII ya aparecen con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, según un códice de la biblioteca de París.

En María se ha visto siempre la estrella que nos lleva a Jesús. Dice la Liturgia de las horas:

La estrella parada está, con que del sol muestras da; otra tenéis que os guía, pues habéis visto a María: no busquéis estrellas ya.

«Herodes —dice Papini— es un monstruo, salido de los tórridos desiertos de Oriente». Maquiavélico, sanguinario, temeroso, cruel y vengativo, presagia la muerte de Jesús, el justo, en la persecución y muerte de los inocentes.

En nuestra vida hay zonas de paganismo y gentilidad. Dejemos que la luz de Dios (la estrella) nos lleve a adorar a Cristo y a ofrecerle, como don, el deseo de una radical conversión.

 

Adoración de los Magos

Adoración de los Reyes

Bartolomé Caducho

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