La curación del siervo del centurión
«Al entrar en Cafarnaún se le acercó un centurión y le rogó diciendo: "Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos". Dícele Jesús: "Yo iré a curarle". Replicó el centurión: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, pero basta tu palabra para que se cure mi criado"» (Mt 8,5-13; Le 7,1; Jn 4,43-54).
Lo primero que hay que afirmar, a pesar de las marcadas diferencias en los relatos, es que parece el mismo milagro el que se narra en los tres evangelistas citados. Por ejemplo, en Juan no aparecen las palabras de las otras narraciones: «Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo...». Pero en las tres narraciones aparece en el ánimo de Jesús el llevar a la fe al militar romano.
La fe. Muchos llegan a la fe al ver los milagros de Jesús. Otros llegan a esta misma fe afectados e iluminados por la palabra y los discursos de Cristo. Y otros llegaron a la fe por haber tenido un encuentro intenso con Jesús, como Zaqueo (Le 19,1-10), la samaritana (Jn 4,5-42), etc. Jesús no quiere que los suyos le admiren y le sigan sólo por ser un «hacedor de milagros».
Jesús realiza este milagro a distancia en favor del centurión. ¿Por qué lo realiza a distancia? El centurión —acaso por no poner a Jesús en trance de incurrir en impureza legal si entraba en la casa de un pagano— le dice con gran humildad: «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero basta tu palabra para que se cure mi criado». Un centurión es un oficial romano que mandaba a cien soldados. Aparece humilde y cercano a los judíos, pues les había edificado una sinagoga. Pero se siente pobre e impotente ante la enfermedad. Aquí se nos ofrece la gran fe de un pagano; es tanta, que Jesús la propone como modelo de toda fe. Jesús dijo a la muchedumbre que le seguía: « Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande». No debemos olvidar que los judíos odiaban a los paganos, a los militares romanos y a todos los que se relacionaban con ellos por estar sometidos al imperio romano.
La fe del centurión —modelo de nuestra fe— consiste en aceptar sin reservas la palabra y el poder de Jesús, como los soldados que él tenía bajo sus órdenes aceptaban su autoridad.
Jesús y el centurión
El Veronés (Paolo Calliari)
Museo del Prado (Madrid)