La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

El Espíritu Santo

«Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el paráclito, que os enviará el Padre en mi nombre, el Espíritu Santo, os lo enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho» (Jn 14,25-26).


El Espíritu tiene la misión de vivificar a la Iglesia y a todos sus miembros:
• normando la imagen de Jesús en cada corazón creyente;
• dando los siete dones tan conocidos y también todos los dones que necesita el nombre según la misión y el estado en que vive;
• manteniendo vivo el espíritu de fraternidad y unidad en la comunidad;
• conduciéndonos a la comprensión de la Palabra...
Según la tradición teológica, el Espíritu comunica, entre otros muchos, los siete dones:
Don de sabiduría. Implica el conocimiento de la experiencia, cordial, sabroso, de Dios. No es un conocimiento académico e intelectual sino sapiencial. Toca la sensibilidad humana en toda su profundidad.
Don de entendimiento. El Espíritu dispone al creyente al conocimiento y penetración del misterio de Dios. Llega más allá del conocimiento puramente racional.
Don de consejo. El Espíritu es la palabra interior que instruye al hombre desde dentro. Samuel, a pesar de oír la voz exterior, dice: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1Sam 3,9). Inclina a escoger lo que más conviene.
Don de ciencia. Es la sabiduría de elección que tiene el creyente entre la obsesión que ejercen las criaturas (dinero, placer, fama) y los valores relacionados con la salvación y el reino de Dios.
Don de fortaleza. Nos lleva a superar las graves dificultades y tentaciones que pueden apartarnos del camino que conduce a Dios.
Don de piedad. Consiste en la acción del espíritu, que nos lleva a hacer con prontitud las cosas relacionadas con el amor a Dios y con el servicio al prójimo. Infunde en nosotros esa unción interior que nos hace sentirnos hijos de Dios y decir «Abba, Padre».
Don de temor de Dios. Nos lleva al amor filial, no servil, de Dios. Nos lleva asimismo, no a temer a Dios, pues Dios no es temible al ser infinitamente misericordioso y justo, sino a desconfiar y a temernos a nosotros mismos, a reconocer lo malo del pecado y a temer cometerlo.
¡Ven, Espíritu Santo!, mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro.


La venida del Espíritu Santo

La venida del Espíritu Santo

Acisclo Antonio de Palomino

Museo del Prado (Madrid)

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