La dieta del Dr. Dukan

 

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El perdón: dar y recibir el perdón

«Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12).


El perdón es la remisión de la culpa a quien la comete. Dios, por el inmenso amor con que nos quiere, perdona nuestras culpas (pecados), a condición de que también nosotros perdonemos a los que nos han ofendido.
Deuda es igual a pecado u ofensa a Dios. Acudimos a Dios para que nos perdone la grandísima deuda que adquirimos con El cuando pecamos. Somos insolventes para pagar a Dios tanta deuda... y, aparte de la ofensa del pecado, siempre estamos en deuda abultada con Dios nuestro Creador y Padre por tantos dones con que nos regala continuamente. Somos hechura de su amor gratuito. Todo lo que somos y tenemos (la vida, el sol y el aire, la fe, la Iglesia...) es de Dios. La deuda es desorbitada. Recordemos siempre la paranoia del «perdón de las ofensas y el siervo sin entrañas». Mas Dios, en su infinita piedad, acepta el perdonar y condonar nuestra deuda con El, a condición de que perdonemos de corazón a los que nos hayan ofendido en algo (cien denarios).
Para expresar bien (sin engañarnos) esta petición del padrenuestro, necesitamos tener muy vivo el sentido del pecado que babita en nosotros y el recuerdo de la infinita donación de Dios, el cual no sólo nos da permanentemente lo que somos y tenemos, sino que, además, se nos da a sí mismo. Pero, como dijo Pío XII: «El sentido del pecado se ha perdido», e incluso algunos piensan que es una debilidad el pedir y dar el perdón. Es lo contrario.
La única forma de ser perdonado y «agradecer» el perdón es perdonar. Mas el perdón no es una deuda monetaria que se paga y ya no se recuerda más; el perdón de la ofensa y del enemigo bay que estar ejercitándolo siempre que viene a nuestra mente la venenosa ponzoña del recuerdo del ofensor.
Recordemos: «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian» (Lc 6,27); «cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestras ofensas» (Mc 11,25).


Cristo de la clemencia

Cristo de la clemencia

Alonso Cano

Parroquia de san Ginés (Madrid)

 

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