La dieta del Dr. Dukan

 

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El rico malo y Lázaro el pobre

«Había un hombre rico que vestía de púrpuras y lino y celebraba todos los días espléndidas tiestas. Un pobre, llamado Lázaro, estaba echado en el portal, cubierto de llagas; deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... basta se le acercaban los perros a lamerle las llagas. Se murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo sepultaron...» (Lc 16,19-31)


Esta historia-parábola va dirigida a los hombres de todos los tiempos, si bien los destinatarios inmediatos son los fariseos. Estos estaban fuertemente pegados al dinero y ponían su justificación ante Dios en los ritos de las purificaciones externas. Así lo confirman los preciosos textos de Lucas (16,13-14 y 11,38-42).
Hay una primera parte que nos describe la situación vital de cada uno: un rico que vive espléndidamente, banqueteando y vistiendo lujosamente; un pobre, a su puerta, está hambriento y enfermo con llagas que los perros, más compasivos que su amo, le lamen.
Hay una segunda parte que nos muestra el paradero y destino final a que les ha llevado la conducta de cada uno. Lo expresa con la terminología de la literatura bíblica de su tiempo: el rico, cuando murió, fue sepultado en el infierno entre terribles tormentos; y el pobre fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán (el cielo).
El rico tuvo su prueba y la salvación al alcance de la mano. No acogió la palabra de Dios, como no la acogerían sus hermanos aunque fuera un muerto a avisarles del peligro que corrían. Ya tenían la ley y los profetas que nos recuerdan que hay que compartir el pan con el pobre. Pudo haber sentado a su mesa a Lázaro. No lo hizo, se «cerró a su propia carne» y él mismo se forjó su propio destino.
El pobre no se queja. Su situación es ya una petición urgente de ayuda. No maldice su suerte. Es el pobre de las bienaventuranzas. Dice san Lucas (6,20): «Dichosos los pobres que tienen a Dios por Rey». La vida se invierte después de la muerte.
Según los propios bienes de que disfrutas, ¿eres duro con los pobres encerrándote en tu propio egoísmo, «tu propia carne»? La palabra de Dios: «Hijo, recuerda que recibiste bienes y Lázaro, al contrario, males; por eso ahora él es consolado y tú atormentado» (Lc 16,25).


El rico Epulón y el pobre Lázaro

El rico Epulón y el pobre Lázaro

Juan de Sevilla Romero

Museo del Prado (Madrid)

 

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