La dieta del Dr. Dukan

 

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El siervo perdonado que no perdona

«El reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron a uno que le debía diez mil talentos...» (Mt 18,23-35).

 

Esta parábola sirve perfectamente para hacer el comentario a la petición del Padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».

A un rey le debe un siervo 10.000 talentos y «como no tenía con qué pagarle ordenó que fuese vendido él, su mujer, sus hijos y todo cuanto tenía». El empleado se echó a sus pies suplicándole: «Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo». El rey, compasivo y generosísimo, le perdonó todo. Pero este que había sido perdonado, a la salida le reclamó la deuda de un denario a un compañero. Como no podía pagarle, lo echó a la cárcel. El rey se enteró y...

Todo pecado es una deuda infinita en razón del ofendido que es Dios, suma bondad. El Señor nos perdona todos los pecados, porque Dios quiere mostrar su amor en el perdón; pero pone una condición: que perdonemos a nuestros ofensores.

Esta parábola, lo mismo que la petición del Padrenuestro, «perdona nuestras ofensas...», conlleva un compromiso muy serio: ser consecuente en el perdón de corazón que hemos de dispensar siempre (70 veces 7) al que nos ofende.

No nos engañemos:

Si tú no perdonas, estás diciendo implícitamente a Dios que no te perdone.

Si perdonas, «pero no olvidas» (que es una forma de no perdonar), el Señor (que se echa a la espalda los pecados) en tu caso los tendrá presentes...

Si en la vida real tienes como enemigo a tu ofensor, Dios te tendrá como enemigo. Tu vecino, tu matrimonio, tu compañero de trabajo, el que te cae mal... lodos deben ser perdonados.

El amor de Dios tiene su mejor realización y expresión máxima en el perdón.

No olvides jamás, aunque tengas que rasgarte el corazón amando y perdonando, que «si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco os perdonará a vosotros mi Padre celestial» (Mt 6,15)


Crucifixión

Crucifixión

Roger van der Weiden

Museo del Prado (Madrid)

 

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