Jesús, amigo de los niños
«Le presentaban también niños pequeños para que los tocara. Al verlo los discípulos les reñían. Mas Jesús invitó a que se los trajeran, diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como estos es el reino de Dios. Os aseguro que quien no reciba el reino de Dios como niño no entrará en él"» (Le 18,15-17; 9,33-37; Mt 18,1-6; Me 9,33-37).
En una revista apareció una historia conmovedora de la guerra de Vietnam. Varios niños habían sido heridos en un tiroteo y fueron tratados por un médico militar. Algunos necesitaban una transfusión urgente de sangre. Un niño se ofreció a dar su sangre a otro que se estaba muriendo. La transfusión de sangre era directa. Durante la transfusión el médico notó que el niño donante estaba inquieto y trató de calmarlo y animarlo. Cuando terminó la transfusión el médico dijo al niño donante que podía sentarse y descansar. Este estaba tremendamente agitado, pues creía que iba a morir durante la transfusión. Era un sacrificio y un acto de generosidad que había hecho por amor a su amigo.
Cristo Jesús, el amigo de los niños, el que más quiere a cada niño, murió de verdad al darnos su sangre en la cruz. Nos regaló su propia vida para que todos nosotros pudiéramos vivir la vida de hijos de Dios.
¿Puede hacer un amigo algo más grande por otro amigo que dar la vida por él? Así lo hizo y lo dijo Jesús: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por el amigo»... (Jn 15,13).
Jesús nos transfiere la vida divina de hijos de Dios en el bautismo y nos regala su cuerpo y su sangre (su vida) siempre que comulgamos. Jesús transfundió su sangre a nuestras vidas para que nosotros viviéramos aunque él muriera en la cruz.
El Niño Jesús con corona de flores
Carlo Dolci
Museo Thyssen Bornemisza (Madrid)