La hija de Jairo y la hemorroísa
«Un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muñéndose... Entonces una mujer, que padecía flujos de sangre desde nacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie, se acercó por detrás y le tocó la orla del manto, y ai punto se le cortaron los flujos. Jesús preguntó: "¿Quién me ha tocado?..."» (Le 8,41-56).
La fe de Jairo. Este era un jefe de la sinagoga de Cafarnaún. Estaba profundamente apenado y temiéndose lo peor para su hija de doce años. A esta edad las niñas en Israel eran consideradas aptas para casarse y eran prometidas en matrimonio. Las mujeres israelitas se casaban muy pronto (entre los trece y quince años era lo más común). Querían entrar en la cadena ascendente del Mesías. La niña estaba muriéndose. Entonces su apenado padre acudió al último remedio: se arrodilló ante Jesús suplicándole que fuera a su casa a curar a su hija.
La fe de la hemorroísa. El Maestro siguió su camino rodeado y apretujado por el gentío. Una mujer, que padecía flujos de sangre desde nacía doce años, tocó furtivamente, pero con inmensa fe, la orla del manto de Jesús. En las circunstancias en que estaba esta mujer, era considerada impura (Lev 15,19-30) y no podía tener trato con los demás, al igual que les sucedía a los leprosos. De Jesús salió un poder que la sanó al instante. El tocar a Cristo o ser tocado por él siempre sana y salva.
Siguiendo el camino, llegó la dura noticia a Jairo: «No molestes más al Maestro porque tu hija acaba de morir». Jesús, oyendo esto, alentó la fe de Jairo, diciéndole: «Ten fe, tu hija se salvará». Así hizo Jairo, se fió del Maestro. Llegados a la casa, echó a las plañideras, que eran pagadas por acompañar con sus gritos al muerto. Y Jesús, con los tres discípulos y los padres, cogiendo de la mano a la niña, le dijo: «Talita kumi» (niña, levántate). Ante Cristo, que es la vida, no tienen tarea las plañideras. Las dejó sin trabajo.
No olvides que Jesús es señor de la vida. Da gloria al Señor, que en este signo nos anticipa su resurrección.
El cristiano tiene la excelente misión de llevar a muchos a los pies de Jesús y ponerlos en contacto con el que sana y salva.

Resurrección de la hija de Jairo
Giulio Procaccini
Palacio Real de Riofrío (Segovia)