La santidad
«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48) tiene su correspondencia en Lev 19,2; 11,44: «Sed santos, porque yo, Yavé, vuestro Dios, soy santo», «yo soy Yavé, vuestro Dios, santificaos y sed santos, porque yo soy santo».
Perfecto es aquello a lo que, según su propia naturaleza, no le falta nada. Ser perfecto, ser santo, se da cuando el cristiano se propone, esto es, nace opción fundamental en su vida de imitar y seguir a Jesucristo como norma de conducta, hasta llegar a decir como el Apóstol: <<ya no vivo yo, vive en mí Cristo»... (Gal 2,20). Una fotografía es tanto más perfecta cuanto con mayor semejanza objetiva y con mayor nitidez es reflejado el objeto o la persona retratada. Así el cristiano está llamado a ser «imagen viva» de Jesucristo, lodos estamos llamados por Dios a la santidad (la perfección).
Algunos signos de perfección y santidad
●Tener el listón del amor a Dios y el amor (afectivo y electivo) al prójimo a un nivel muy alto.
●La perfección de la vida del cristiano se manifiesta a través de las virtudes, de todas las virtudes. (Cuando uno se ejercita larga e intensamente en ellas, está en el camino de la santidad).
●Vivir en espíritu de oración todos los acontecimientos de la vida (la oración debe impregnar la vida, como queda impregnada la esponja en el agua).
●Cuando los primeros movimientos espontáneos (instintivos) de la naturaleza humana son realizados no por impulsos naturales, sino por la influencia de la gracia y de los dones del Espíritu Santo.
●Cuando descentramos nuestra vida del propio «yo» para centrarlo en el amor al prójimo, naciendo todo por amor a Dios.
●Cuando la vida y los actos del cristiano están influidos, más que por una vida de ascesis, por los dones del Espíritu, propio de la vida mística (aquí el nombre apenas se esfuerza; es Dios el que lleva las riendas de la santificación y perfección del hombre).
●El trabajo bien hecho, la caridad, la obediencia, la humildad, la profunda piedad y las valoraciones internas según el evangelio, son signos seguros de estar en el camino de la santidad.

El salvador como hortelano
Tiziano
Museo del Prado (Madrid)