La dieta del Dr. Dukan

 

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La tempestad calmada

«Subió Jesús a la barca... de pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas: pero él dormía...» (Mt 8,23-27).

 

¡Admirable pasaje el de la tempestad calma da! ¡Y qué estupenda catequesis sobre la fe y confianza de los discípulos en el poder del Cristo!

Cristo se valió de este hecho sobrecogedor para descubrirles su poca fe; pero también les enseñó que en adelante habían de confiar en él aunque las olas y las tempestades arreciasen tanto que parecieran anegar la barquichuela.

Las olas embravecidas, que empiezan a inundar la barca, lo que provoca el temor a hundirse y perecer, descubren a sus discípulos su exacerbado temor, a pesar de tener a su lado al mismo Jesús (dormido, pero bien despierto), al que habían descubierto en otros milagros anteriores como Señor de la naturaleza y por encima de todos los males del nombre. Por eso Jesús reconviene a sus apóstoles al decirles una vez calmado el mar: «¿Por qué tenéis tanto miedo?, ¡qué poca fe!».

La narración, llena de circunstancias precisas, refleja una intensa experiencia de sobrecogimiento y temor vivido por sus apóstoles, así como una intensa experiencia de admiración ante el maestro y su poder omnipotente. Este hecho de la tempestad parece como una puesta en escena del Salmo

107,25-30:

El suscitó un viento tormentoso que estremeció las olas.

Subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo,

bajo el peso del mal su alma se hundía...

Pero gritaron al Señor en su apuro, y los sacó de sus angustias.

Apaciguó la borrasca y callaron las olas.

Se alegraron de verlas amansarse, y El los llevó hasta el puerto deseado

Dice san Agustín en su comentario a la tempestad calmada: «Oyes una palabra injuriosa: Ahí está el viento, ved ahí la ola..., entra en peligro la nave; tu corazón entra en peligroso vaivén. Oído el ultraje, se alza el deseo de venganza. Si te vengas, tu naufragio es un hecho... ¿Por qué naufragaste? Por ir Cristo dormido en ti. Cristo dormido en ti significa que te has olvidado de Cristo. Despiértale, pues; tráele a la memoria. Tentación que nace, he ahí el viento; turbación que viene, he ahí las olas. Despiértale a Cristo...» (Sermón 63, 2-3).

 

Jesús calmando la tempestad
Jesús calmando la tempestad

Il Tintoretto

National Gallery (Washington)

 

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