La dieta del Dr. Dukan

 

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Los viñadores homicidas

«Había una vez un propietario que plantó una viña..., la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para percibir de los labradores los frutos...» (Mt 21,33-46; Mc 12,1-12; Lc 20,9-19).

 

En esta historia en forma de parábola, y tomando el símil de la vid, del profeta Isaías, Jesús expresa dramáticamente una realidad muy dura.

Un labrador arrienda una viña bien preparada para dar brutos. A su tiempo vendrá a pedir la renta de esa viña. Manda una primera vez a sus emisarios a cobrar la renta: a uno lo golpean, a otro lo apedrean y hasta dan muerte a un tercero. Por segunda vez manda a sus criados y reciben el mismo trato. Por fin manda a su hijo, pensando que al menos a su hijo lo respetarán. Pero sucede al contrario. Como el hijo es el heredero, lo matan para quedarse con la viña. Todo esto que les está contando, va encendiendo la ira de los escribas y fariseos, responsables de la viña de Israel. Se sienten claramente aludidos.

¿Qué hará el propietario? Dará muerte a esos miserables y arrendará la viña a otros labradores que le paguen a su debido tiempo. Así sucede lo anunciado por Isaías: «La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en piedra angular...» (Is 28,16).

Estas alusiones y sus significaciones las entendieron muy bien el pueblo de Israel y sus jefes:

el dueño de la viña es Dios; la viña es el pueblo de Israel; Ios siervos son los profetas y apóstoles; su hijo es Jesucristo llevado a la cruz por su pueblo; la piedra angular es el mismo Cristo desechado por su pueblo; los constructores son los sacerdotes y los fariseos, maestros de la ley; los asesinos de los criados y del Hijo eran ellos.

Cristo les golpeó duramente a los maestros de Israel. Se habrían levantado contra Jesús enfurecidos, si no temiesen la reacción del pueblo.

El reino de Dios en el corazón de cada hombre, es el gran proyecto, el sueño de oro del Señor.

Toma parte en ese proyecto de los hijos de Dios, no sea que los dones que el Señor te ha dado queden infructuosos y Dios se los dé a otros.

 

Parábola de los viñadores homicidas

Parábola de los viñadores homicidas

Abel Grimmer

Museo del Prado (Madrid)

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