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Santificado sea tu Nombre

«Santificado sea tu nombre» (Mt 6,9).

 

Los fariseos hacían la oración con ostentación, para ser vistos; los paganos hacen oraciones diciendo muchas palabras. El estilo del padrenuestro es directo, sobrio e inmensamente rico.

Las tres primeras peticiones se refieren a Dios: su nombre, su Reino, su voluntad.

Las cuatro últimas se refieren a lo que necesitan sus discípulos: pan, perdón de las ofensas, no caer en pecado, liberación de todos los males.

Dios tiene los nombres de Adonai, Agios, Theos..., pero el más conforme a su ser divino es «Yo soy el que soy» (Ex 3,4).

Vuestro ser divino, perfectísimo, santísimo y omnipotente lo disteis por nombre. ¿Quién podrá alabar y «santificar» a quien es el santificador y de quien participa todo lo bello y santo de todas las criaturas, especialmente el nombre, que es «la gloria de Dios», en frase de san Ireneo?

Los judíos no se atrevían a pronunciar directamente el nombre de Dios. Solamente lo pronunciaba, una vez al año, el sumo sacerdote en el sancta sanctorum, para atraer las bendiciones de Dios sobre su pueblo.

Decimos «santificado sea tu nombre», según san Cipriano, no en sentido de que Dios pueda ser santificado por nuestra oración y nuestra vida, sino en el sentido de que su nombre sea honrado y santificado en nosotros. Pues dice: ¿Por quién podría ser santificado, si Dios es el que santifica? El S eñor dijo: «Sed santos porque yo soy santo» (Lev 20,26). Por ello pedimos que nosotros, que fuimos «santificados» en el santo bautismo, perseveremos en ese estado de santificación y de cumplimiento de su santa voluntad.

El nombre de Dios es santificado cuando la vida del nombre y toda la creación es reflejo de la infinita santidad de Dios.

¡Qué poco sentimos las ofensas flechas a Dios en la vida pública y privada, en las blasfemias, en las costumbres...! Hoy se sigue desnudando al pobre (preferido de Cristo), escupiendo a Cristo con la mentira y la procacidad, la violencia, la injusticia...

Yo, que soy poca cosa, nada, y necesito todo de ti, lo que más deseo, anhelo y te pido con todas mis fuerzas es que tu nombre sea honrado, conocido y amado por todos los nombres.

 

La doble Trinidad
La doble Trinidad

Bartolomé Esteban Murillo

National Gallery (Londres)

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