La tentación de Cristo, lo espectacular
«Lo llevó a Jerusalén, lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: le encomendará a sus ángeles para que te guarden, le llevarán en sus manos para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Jesús le respondió: "Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios". Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno» (Le 4,9-13).
La tentación del uso espectacular de Dios y de la eficacia . «Entonces llevó a Jesús a Jerusalén, le puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: le encomendará a sus ángeles para que te guarden...'. Jesús le respondió: "Está dicho, no tentarás al Señor tu Dios"». Está en juego el sentido y la dirección de la obra salvadora de Cristo. Le está proponiendo un mesianismo espectacular y milagroso. A Jesús le quisieron proclamar rey cuando veían sus maravillosos milagros. Mas nos dice el evangelio que Jesús entonces desaparecía. La forma de realizar su mesianismo no es la que el diablo le propone. Jesús elige, en cambio, el lento camino del amor y el predicar la palabra del Reino con total libertad, aunque se exponga a no ser seguido más que por unos pocos, e incluso le lleve a la cruz.
Jesús no nace el milagro que le pide Herodes, ni desciende de la cruz a las palabras que le dicen: «Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
La tentación es necesaria para probar la fidelidad a Dios: «El Señor os tienta para saber si le amáis» (Dt 13,4); «el que no ha sido probado sabe muy poco» (Si 34,10). También la tentación procede de nuestra concupiscencia. Hoy la Iglesia siente la tentación del fracaso, de la inseguridad (es abandonada por muchedumbres). ¿Se bajará de la cruz y dejará de anunciar el amor y la salvación en Cristo?
Termina el relato diciendo que el diablo le dejó basta otra ocasión. Cristo en su vida sufrió continuas tentaciones, por eso acudió a la soledad de la oración.
La tentación es compañera permanente del nombre en la vida. Mira cómo venció Cristo las tentaciones, e imítale. Si es posible, hay que buir (prevenir) de la tentación. Y si llega, trata de desenmascararla y después de vencerla con las armas cristianas de la oración y la penitencia.

Las tres tentaciones en el desierto
Retablo de la Catedral vieja de Salamanca