La visita de María a Isabel
«En aquellos días se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo...» (Le 1,39-45).
¿ Por qué razones fue María a visitar a su prima Isabel? Varios pudieron ser los motivos de su visita.
María, una muchacha piadosa pero pobre y postergada, cuando se vio «grávida de Dios» sintió un gozo indescriptible, y había que comunicarlo y contárselo a alguien. ¡Qué mejor cosa que ir a ver a su prima Isabel, que participaba de un gozo similar por haber concebido un hijo (el Precursor del Señor) a pesar de ser estéril y de avanzada edad! Estas dos santas mujeres necesitaban hablar de aquellos misterios cara a cara.
Además, parece que el ángel del Señor le había insinuado esta visita al decir a María: «Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril» (Le 1,36).
Otra razón que impulsaba a María a visitar a Isabel era que su corazón le impelía a salir de casa, pues su anciana prima necesitaba sus servicios. Por otra parte, era algo muy noble el felicitar a su prima como la habían felicitado los otros parientes. La madre del Salvador va a visitar a la madre del Precursor, pudiendo comprobar así el hecho milagroso anunciado por el ángel.
María, muchacha de quince años, llena de vida y juventud, va de Nazaret al pequeño pueblo de Isabel, llamado Ain-Karen, distante unos 150 kilómetros, y permanece allí tres meses.
Se saludaron con inmenso gozo y María prorrumpió en el canto del Magníficat, anunciando las maravillas de Dios, la humillación de los soberbios y el ensalzamiento y gloria de los pobres y humildes.
María se pliega incondicionalmente a los planes del Señor. Se conducirá en su vida guiada por la re y la caridad. Cristo, en su mente y en su vientre, la empuja a María a una vida interior intensísima durante su embarazo: una vida de re, de gozo, de caridad. Jesús es el motor e inspirador de toda su vida. El Espíritu lleva por donde quiere a la dócil y obediente doncella. ¿Es Cristo el motor de nuestra vida?

La Visitación (1505)
Jacobo Strub
Museo Thyssen Bornemisza (Madrid)