La escuela de Alejandría
En Alejandría, el gran emporio de la cultura helenística y centro del antiguo comercio de libros, había surgido a fines del siglo II una especie de academia cristiana, la llamada escuela catequética. Sabemos muy poco de su organización exterior, pero conocemos un gran número de sus maestros y discípulos, algunos de los cuales fueron más tarde obispos. Nada ha quedado de los escritos del fundador de la escuela, Panteno, pero sí de su sucesor Clemente y aún más del tercer director de la escuela, Orígenes. Ambos estaban en la cumbre de la cultura de su tiempo, y estaban sobre todo familiarizados con la filosofía griega. Su empeño en dar una fundamentación filosófica a la doctrina cristiana les indujo a dar más de un paso en falso; Orígenes, sobre todo, fue más tarde objeto de una tajante repulsa de parte de los padres de la Iglesia, llegando incluso a ser condenado en diversos concilios, como en el 5.° ecuménico de 553 Por lo demás, ya en vida entró en conflicto con su obispo y tuvo que abandonar Alejandría. Se trasladó a Cesarea de Palestina, donde fundó una biblioteca cristiana que fue luego utilizada por Eusebio.
Orígenes no tuvo jamás la intención de desviarse de la doctrina de la Iglesia. En su juventud se había dirigido a Roma, «para visitar esta antiquísima Iglesia», como dice Eusebio; su propósito era, evidentemente, estudiar las doctrinas que allí se enseñaban. Después de su deposición por el obispo de Alejandría, intentó defender su ortodoxia en una carta al papa Fabiano. Orígenes es el primer teólogo cristiano de gran estilo, aunque acaso su valor sea sobreestimado por algunos autores modernos. Sin duda alguna ejerció un estimulante efecto sobre la teología posterior, si bien no puede, ni en mucho, compararse con san Agustín. Para emitir sobre él un juicio definitivo tendríamos que poseer la totalidad de sus obras, muchas de las cuales se han perdido.
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