Tertuliano
En la segunda mitad del siglo II surgió en Frigia un movimiento profético-ascético, cuyas repercusiones se hicieron sentir también en Occidente. La secta es conocida con el nombre de montanismo, por su fundador Montano. Los obispos del Asia Menor la rechazaron ya desde un principio; la escuela romana se mantuvo durante un tiempo a la expectativa, y sólo al papa Ceferino, sucesor de Víctor a principios del siglo III, se decidió a romper la comunión eclesiástica con los montanistas.
Este paso provocó el disgusto del cartaginés Tertuliano, que por su parte rompió con la Iglesia y fundó en Cartago una comunidad montanista.
Tertuliano se había convertido al cristianismo en 196, siendo ya un hombre maduro, y seguidamente inició una intensa actividad literaria. Escribía en un latín de lo más personal y extraordinariamente expresivo, muy próximo a la lengua viva de la conversación, por lo que no siempre nos resulta de comprensión fácil. Fue el primer escritor cristiano que se sirvió de la lengua latina, elevándola a la categoría de lengua literaria cristiana. Tertuliano no es un pensador y un investigador, como Orígenes. Es combativo, chispeante, ingenioso, pero su sarcasmo es siempre cáustico, lo mismo si sus víctimas son gentiles o herejes o, en su última época, católicos. Que un hombre semejante pudiera afiliarse a una secta de extáticos y soñadores, en la que hacía el mismo papel que Saúl entre los profetas, sólo puede explicarse por resentimientos personales. Con todo, sus escritos, tanto los católicos como los montanistas, en gracia a su vivacidad y realismo y a su certera capacidad de observación, constituyen una valiosísima fuente para el conocimiento de la vida cristiana de aquella época.
Volver al índice