Algunos martirios del siglo II
Entre los mártires aislados o los grupos de mártires del siglo II hay que citar ante todo a san Ignacio, discípulo de los apóstoles y obispo de Antioquía. No se conoce el año de su ejecución; se sabe sólo que ocurrió bajo Trajano, o sea antes del 117, y precisamente en Roma. Mientras era transportado a la capital escribió Ignacio sus famosas cartas, entre las cuales hay una dirigida a los cristianos romanos, a los que pide que no den ningún paso para impedir que se cumpla su condena. Cae también a principios del siglo II el martirio del anciano Simeón, segundo obispo de Jerusalén, y el del papa Telésforo, que está atestiguado por Ireneo.
La ejecución del obispo Policarpo de Esmirna y seis compañeros debió de ocurrir en el año 156. Sobre el suceso poseemos una carta circular de la comunidad de Esmirna. El suplicio de Tolomeo, Lucio y un tercer cristiano en Roma, en el año 160, es relatado por Justino en su segunda Apología.
Bajo Marco Aurelio (161-180) se incrementaron los procesos contra los cristianos. Aparte de Justino, cuya muerte debió de ocurrir en el año 163, hay que nombrar un grupo de más de cuarenta cristianos en Lyon, encabezados por el nonagenario obispo Fotino, sobre cuyo proceso poseemos un relato de los supervivientes, lleno de impresionantes pormenores; Carpo, Papilas y Agatónica en Pérgamo, de los que conservamos el protocolo judicial; los doce mártires de Escilos, en África, también con protocolo. Estos protocolos se caracterizan por su objetividad y lapidaria concisión, distinguiéndose ventajosamente de las ampulosas declamaciones de las posteriores leyendas martirológicas. Poseemos también actas fidedignas sobre el martirio del noble Apolonio, en Roma, que pertenece al reinado de Cómodo, alrededor del año 185.
De lo que dicen los escritores contemporáneos se desprende que los mártires del siglo II que conocemos nominalmente, no fueron los únicos ni mucho menos. De todos modos, dada la escasa importancia numérica de las comunidades cristianas de entonces, no cabe pensar en que su número fuera muy crecido.
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