Odio a la religión
Como único motivo que explica tanto el principio como el desarrollo de las persecuciones, queda sólo el odio. No hay razón alguna para resistirse tanto a admitir este motivo. El amor y el odio desempeñan en la historia de la humanidad un papel muy importante, más importante a veces que los motivos racionales. Los que en todos los tiempos han perseguido a los cristianos, han aducido para justificar su conducta todos los pretextos posibles y más o menos verosímiles, pero en el fondo lo que realmente los movía era el odio a la religión y a la Iglesia. El historiador no ha de cerrar los ojos a estas oscuras facetas del alma humana, empeñándose en buscar siempre una explicación racional.
Con esto no queremos decir que todos los emperadores romanos, y mucho menos los funcionarios en particular que se ocuparon de instruir procesos contra los cristianos, fueran inducidos a ello por un odio personal. Había entre ellos algunos, y tal vez muchos, que se consideraban sólo como órganos ejecutivos y que estaban convencidos de cumplir con su deber.
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