La dieta del Dr. Dukan

 

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Principio de la legislación anticristiana

 

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Los escritores cristianos de la antigüedad mencionan siempre al emperador Nerón como el iniciador de las persecuciones, a pesar de haber habido ya mártires antes de Nerón, por lo menos el diácono san Esteban y el apóstol Santiago. Por otra parte, no hay la menor noticia de que Nerón hubiera promulgado una ley en toda forma.

 

Por consiguiente, debió de tratarse de una instrucción a los tribunales, en el sentido de que los cristianos debían ser considerados como delincuentes notorios. Esta instrucción era suficiente para los martirios que tuvieron efecto en el reinado del propio Nerón. Según Tácito, los mártires fueron una multitud incalculable, pero nosotros sólo conocemos los nombres de los dos apóstoles Pedro y Pablo. Si hubo ejecuciones también fuera de Roma, no podemos decirlo. De Domiciano sólo sabemos que hizo condenar a su primo Flavio Clemente a causa de su religión, y expulsó a su esposa Domitila a la isla de Ponza. Es verosímil que bajo su reinado hubiera aún otros mártires. Como base jurídica bastaba la práctica judicial establecida desde Nerón.


Que no se trataba más que de una práctica judicial, nos lo indica la consulta que Plinio, gobernador de Bitinia, dirigió al emperador Trajano en el año 110 ó 111. Como es natural, Plinio estaba familiarizado con el derecho penal y el procesal. Sin embargo, escribe al emperador que nunca ha tenido ocasión de asistir al proceso de un cristiano y, por tanto, ignora cómo hay que conducirlo. El emperador le contestó en un rescripto que se ha hecho famoso y que en lo sucesivo constituyó la base legal para todos los demás procesos.

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