Razones en los cristianos mismos
Nadie cree que los cristianos hubieran cometido efectivamente todas las atrocidades que les atribuía el decir de las gentes. Pero hacían otras cosas que sí podían molestar al público. Rodeaban sus ritos de un cierto misterio, lo cual no dejaba de despertar una curiosidad hostil. Tertuliano escribe (Apol. 7) que la plebe intentaba sobre todo sorprender a los cristianos durante la celebración de la misa. El caso del mártir Tarsicio, que fue muerto por no querer entregar la eucaristía, está atestiguado de un modo fidedigno.
Irritaba también la silenciosa expansión de la nueva doctrina.
Salían cristianos por todas partes, sin que nadie pudiera decir de dónde venían (Tert. Apol. 1). No cabe duda de que la vida austera y retraída de los cristianos era sentida por muchos como un callado reproche. Justino relata un caso característico: Una romana distinguida, que hasta entonces había llevado una vida tan disoluta como su marido, se hizo cristiana; exigió entonces a su marido que observase la fidelidad conyugal, amenazándole si no con la separación. El marido, viendo que no podía nada contra su mujer, denunció como cristiano al catequista que la había instruido en el cristianismo. Así fue ejecutado el mártir Tolomeo.
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