Irlanda
San Columbano
El futuro apóstol de Irlanda, san Patricio, había residido durante un tiempo en Lérins, y desde allí transplantó la vida monástica a la verde Erin. Al morir el santo en 461, Irlanda no sólo estaba cristianizada, sino que se había convertido en una iglesia de monjes. Irlanda no había pertenecido nunca al Imperio romano. No existían en ella ciudades. Los primeros centros de cultura fueron los monasterios. Las leyendas heroicas, que en otros pueblos hablan de reyes y batallas, entre los irlandeses tratan de monjes y de sus milagros y de sus viajes a fabulosos países. La iglesia era monástica. Los obispos o eran abades o estaban sometidos al abad del monasterio.
La época de verdadero florecimiento de los cenobios irlandeses fue el siglo VI. Entonces surgieron Clonard, Maghbile, Clonfert y otros. San Columba el Viejo fundó en 563 el monasterio de Yona o Hy en una isla de la costa oriental escocesa. El historiador inglés Beda en el siglo VIII llama a los monjes de Yona columbenses (Hist. Angl. V, 21), lo cual es el primer ejemplo de designación de los religiosos de una orden según el nombre de su fundador.
Del monasterio de Bangor, en la costa junto a Belfast, salió a fines del siglo VI san Columba el Joven (conocido más como Columbano), con doce compañeros, entre ellos san Galo, para trabajar para el reino de Dios en el continente. Semejante impulso misional era característico de los monjes irlandeses. Estos aportaron muchos estímulos a la Iglesia europea, además de crearle también muchos conflictos con sus caprichos y su terquedad.
Columbano se dirigió a Borgoña y fundó allí el gran monasterio de Luxeuil. En 610 fue expulsado por la reina Brunilda, pero Luxeuil quedó. Columbano se trasladó a la región del lago de Constanza, para predicar, y finalmente pasó a Italia, donde ya antes había fundado el monasterio de Bobbio, al sur de Plasencia, en pleno dominio longobardo. Galo, que se había querellado con Columbano, se quedó en Suiza, donde el monasterio de San Galo aún hoy día recuerda su nombre.
Columbano era una personalidad impresionante. Aunque yerran los historiadores que hacen empezar con él un nuevo período en la historia de la confesión, la verdad es que el efecto de sus sermones exhortando a la penitencia fue extraordinario. Sus monasterios surgieron en comarcas donde la vida monástica era apenas conocida: en el norte de Francia, Corbie, Rebais, St. Omer, Remirémont. De Remirémont salieron las fundaciones en la región entre el Mosela y el Rin: Echternach, Stavelot, Malmedy, Disibodenberg, Prüm, Saint Goar. Había también conventos femeninos que seguían la regla de Columbano.
De los edificios del tiempo de Columbano apenas se ha conservado nada. Todos los monasterios fundados por él y por sus discípulos adoptaron más tarde la regla de san Benito. La regla que Columbano dio a sus cenobios era concisa y ruda. El abad de Luxeuil ejercía una especie de dirección superior. Los monjes vestían cogullas blancas. En la historia del derecho canónico se enlaza a veces el nombre de Columbano con el nacimiento de la exención claustral, o sea, la independencia de la jurisdicción del obispo. Esto es verdad en cuanto Columbano estaba acostumbrado al estado de cosas que prevalecía en su patria irlandesa y jamás pensó en someterse a un obispo diocesano. La mayoría de sus monasterios se encontraban en regiones apartadas, y los obispos no se cuidaban de ellos. Pero difícilmente puede hablarse en aquel tiempo de un privilegio de derecho eclesiástico.
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