La dieta del Dr. Dukan

 

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Cambios sociales y económicos

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En el siglo XIII, que nos hemos habituado a mirar como la culminación de la Edad Media, la población de Europa, con exclusión de la actual Rusia, entonces muy poco poblada, y de los países balcánicos, debía ser de unos treinta millones de almas. Este número fue creciendo ininterrumpidamente, y ni siquiera la más grave de las epidemias conocidas en la historia, la «peste negra» de mediados del siglo XIV, produjo más que una transitoria detención.

En el año 1500 debía contar ya más de cincuenta millones de habitantes. Mucho faltaba para que el continente pudiera considerarse superpoblado; tratábase sólo de pequeñas masas que se iban concentrando en el espacio geográfico, mas lo cierto es que el acontecer histórico empezaba a desarrollarse a una escala mayor. Las guerras se hacen ahora más sangrientas, las subversiones sociales ganan en amplitud y violencia, se complican el gobierno y la administración.

En los siglos XIV y XV empieza la gran época mercantilista. Los mercados se convierten en emporios de tráfico mundial. El comercio con el próximo y lejano Oriente pasa por Génova y Venecia. La seda china y las especias indias llegan a Europa atravesando el Asia y pasando por las colonias genovesas del Mar Negro. En el Norte el puerto donde se concentra el tráfico mundial es Brujas, substituido a mediados del siglo XV por Amberes. Si Venecia y Génova son los centros del comercio con el Mediterráneo y el Oriente, Brujas y Amberes lo son del comercio con los países bálticos, con las ciudades hanseáticas del norte y el nordeste.

A lo largo de la ruta terrestre que va de Venecia a Brujas surgen mercados continentales: Ulm, Augsburgo, Nuremberg. La banca está en manos de los italianos. «Lombardo» se hace sinónimo de prestamista y banquero. Sólo que los grandes establecimientos bancarios no son propiamente lombardos, sino florentinos y sieneses: los Bardi, Accajuoli, Alberti y, en último término, los más afortunados de todos ellos: los Médicis.

Estos establecimientos tenían sus filiales y agencias en Londres, París, Brujas, Aviñón, y celebraban transacciones financieras con ciudades, reyes y papas. Así en el siglo XV Italia llegó a ser el país más rico de Europa, ocupando el lugar que hasta entonces había ostentado Francia. Sin embargo, la política de gran estilo no se había hecho aún solidaria de la economía y del comercio. Los estados seguían siendo puramente dinásticos y feudales.

Italia es el centro económico de Europa, mientras políticamente es un país desgarrado e impotente. Y lo mismo puede decirse de las ciudades hanseáticas del norte y de las plazas flamencas: con toda su riqueza, no llegan a constituir unidades políticas independientes. Al aumentar la circulación del dinero, se eleva por todas partes el nivel de vida.

En los primeros tiempos de la Edad Media el «pueblo» no desempañaba aún ningún papel, y su presencia apenas se advertía; en los siglos XII y XIII empezamos a observar movimientos populares, que por cierto revisten un carácter casi socialista; desde fines del siglo XIV existe ya una burguesía. Los burgueses llegan a ser más ricos que los príncipes. El duque de Borgoña toma en préstamo el dinero que necesita de sus súbditos flamencos, Carlos V lo recibe de los Fugger de Augsburgo, León X de Agostino Chigi y de los florentinos.

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