La Conjuración De Los Cardenales
Hasta qué punto había llegado la corrupción en Roma, lo demuestra la conjuración de los cardenales en 1517, año en que Lutero publicó sus tesis. León X era un papa popular, pero entre los cardenales había muchos descontentos.
Cabeza de la conjuración fue el cardenal Petrucci, el cual estaba además movido por sentimientos de rivalidad política, ya que hasta poco antes su familia había ocupado en Siena una posición análoga a la de los Médicis en Florencia. El plan de Petrucci era asesinar al papa con ayuda de su médico.
Ganó a su causa a los cardenales Sauli, Soderini, Accolti, Castellesi e incluso al viejo camarlengo Rafael Riario, el nepote de Sixto IV. No podemos decir con seguridad en qué medida estaban éstos complicados en el proyecto de asesinato, pero lo cierto es que dejaron las manos libres a Petrucci.
Riario esperaba con esta ocasión llegar a ser papa. El complot fue descubierto, y León X intervino enérgicamente. Petrucci fue ajusticiado, y los demás escaparon del mal paso con fuertes multas en dinero.
Seguidamente León X tomó la medida más indicada en tales circunstancias, que fue nombrar en un sólo día treinta y un cardenales, con lo cual no sólo cambió el aspecto del colegio cardenalicio, sino que además el papa volvió a ser el dueño de su propia casa, puesto que desde hacía mucho tiempo, casi desde la época de Aviñón, los cardenales se habían habituado a actuar al lado del papa como príncipes independientes.
Entre los nombrados había algunas personalidades distinguidas: De Cupis, Campeggio, Adriano de Utrecht, el futuro Adriano VI, y además tres generales de órdenes: de los franciscanos Cristóbal Numai, de los agustinos el noble Egidio de Viterbo, de los dominicos Tomás de Vío, conocido por el nombre de Cayetano por su patria Cayeta (Gaeta), el más importante teólogo de aquel tiempo.
Con estos nombramientos León X reparó muchos de sus otros errores, y sobre todo echó las semillas para una posterior reforma. Pero considerado en conjunto, no puede decirse que figure entre los papas que han honrado la sede de Pedro.