El Concilio de Pisa
El sínodo de Pisa se vio muy concurrido y hubiera obtenido la categoría de ecuménico de haber estado representado en él el papa. La asamblea dio por sentado que ambos papas debían considerarse como perturbadores de la unidad de la Iglesia: eran, por tanto, sospechosos de herejía y había que darlos por depuestos.
De todos modos, no se hablaba aún de usar medios violentos contra ellos. Partiendo de la ficción de que la sede apostólica estaba vacante, los dos colegios cardenalicios eligieron como papa al arzobispo de Milán, un griego de Creta, con el nombre de Alejandro V.
Éste estableció su sede en Bolonia y fue reconocido por la mayoría de países. Al lado de Benedicto XIII quedaban España, Portugal y Escocia; al lado de Gregorio XII, el rey de Alemania Roberto del Palatinado, Ladislao de Nápoles y parte de Italia.
Al morir Alejandro V al cabo de un año, se le dio un sucesor en la persona de Juan XXIII. De este modo se tuvo, en lugar de dos papas, tres, entre los cuales resultaba aún más difícil que antes reconocer al verdadero. Aun mucho tiempo después, nadie se atrevía en Roma a considerar a los pontífices de Pisa como simples antipapas.
Mientras el papa siguiente que adoptó el nombre de Clemente, repitió la cifra de VII (1523-1534), el siguiente Alejandro (1492-1503) se llamó Alejandro VI. Todavía hoy en los retratos papales de San Pablo figuran en su lugar correspondiente los de Alejandro V y Juan XXIII. En el Anuario Pontificio estos nombres no fueron borrados hasta 1947.