Los Husitas en Bohemia
Una de las más desagradables herencias del concilio de Constanza fue la cuestión de los husitas, por culpa de la cual la rica y progresiva Bohemia, situada en el corazón de Europa, estuvo casi separada de la Iglesia durante largo tiempo. Juan Huss, profesor de Teología de Praga, era no sólo un sacerdote de vida irreprochable, sino también un ardiente patriota checo. Sus méritos en la formación de una lengua literaria checa son análogos a los que más tarde contrajo Lutero en la literatura alemana.
En 1409 consiguió que se modificaran los estatutos de la universidad de Praga en el sentido de dar en ella la hegemonía a los elementos checos, a consecuencia de lo cual varios millares de estudiantes alemanes emigraron de Praga con sus profesores y se establecieron en Leipzig. Al cabo de poco incurrió en un conflicto con su arzobispo y fue excomulgado. Sus doctrinas teológicas, influidas por el hereje inglés Wiclef, eran indudablemente heréticas, y fue por ellas emplazado a presentarse ante el concilio de Constanza; el emperador Segismundo le proporcionó un salvoconducto, y Huss se presentó al concilio.
Por parte de éste, la conducta más prudente hubiera sido aguardar a que hubiera elegido un papa, pues en tales asuntos los papas suelen proceder con mayor serenidad y comedimiento que las asambleas, siempre excitables y tumultuosas. Pero el sínodo, consciente de que su legitimidad estaba expuesta a muy fundados reparos, sentía la necesidad de acreditarse como un auténtico concilio por medio de una actividad tan propiamente conciliar como es la condenación de una herejía. Puesto que Huss se negó a retractarse, fue declarado hereje contumaz, como era sin duda alguna, y entregado al «tribunal secular», el cual, a despecho del salvoconducto imperial, lo condenó a morir en la hoguera (6 de julio de 1415).
La entrega al brazo secular era entonces poco más que una simple ceremonia. Sin embargo, durante toda la Edad Media y aun después, so pretexto de que las herejías pasaban en general como crímenes de alta traición, la Iglesia se mantuvo fiel a esta formalidad, para dar a entender que un juez espiritual no puede dictar ninguna sentencia de muerte.
Como es natural, el ajusticiamiento de Juan Huss fue sentido por los patriotas bohemios como una grave afrenta. A partir de entonces el movimiento nacional adoptó un carácter francamente antieclesiástico y se manifestó en actos de violencia. Lo que en realidad se discutía no eran ya las proposiciones teológicas defendidas por Huss. En lo religioso, el único rasgo distintivo que los rebeldes adoptaron fue el recibir la comunión bajo las dos especies de pan y vino, subutraque specie, de donde les vino luego el nombre de «utraquistas».
El calificativo de husitas se encuentra ya desde 1420. En este año Martín V, ante la multiplicación de los actos de violencia, predicó una cruzada contra los husitas, pero éstos obtuvieron una victoria tras otra, en Deutschbrod (1421), Aussig (1426), Mies (1427), Taus (1431). El concilio de Basilea, en los llamados «compactatos de Basilea» se puso al lado de los rebeldes.
Era rey de Bohemia, desde 1419 a 1437, el emperador Segismundo, de la casa de Luxemburgo; luego, a partir de 1439, lo fue su yerno Alberto II de Austria, y desde 1457 el hijo de éste, menor de edad, Ladislao Póstumo. Tras la muerte de éste, los estados bohemios eligieron rey a Jorge Podiebrad, el jefe del partido utraquista moderado (1458-1471). Podiebrad prometió a Pío II revocar los campactatos de Basilea y restablecer la unidad eclesiástica. En realidad no hizo nada en este sentido, al contrario, apoyó al
arzobispo de Praga, Rokyzana, que era un husita declarado y no había sido reconocido por el papa. A la larga, el papa no pudo admitir este doble juego.
A instancias del cardenal Carvajal, que conocía muy bien la situación de Bohemia, Pío II se decidió en 1466 a excomulgar a Podiebrad. Pero los restantes príncipes no le secundaron, ni siquiera el emperador Federico III. Podiebrad y Rokyzana murieron en 1471. Subió al trono de Bohemia el católico Ladislao II, de la dinastía de los Jagellones, que desde 1490 fue también rey de Hungría.
El conflicto fue perdiendo gravedad. No se llegó a un cisma formal, y aunque las comunidades utraquistas subsistieron al lado de las católicas, apenas se distinguían de ellas en otra cosa que en recibir la comunión bajo las dos especies y en venerar a Huss como mártir. De todos modos, esta situación significó durante largo tiempo un obstáculo para el normal desarrollo de la vida eclesiástica.