La dieta del Dr. Dukan

 

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Juan XXII (1316-1334)

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Tras la muerte de Clemente V la sede quedó vacante durante más de dos años. Finalmente, en 1316 fue elegido en Lyon el cardenal Jacobo Duése (Deuze), obispo de Aviñón, que adoptó el nombre de Juan XXII.
Juan XXII es el papa más importante del siglo XIV. Igualmente destacado como jurista que como administrador, dotado de una incomparable capacidad de trabajo, en política más enérgico que Clemente V y más prudente y afortunado que Bonifacio VIII, hubiera podido figurar en el número de los papas más eminentes de todos los tiempos, si su visión hubiera sido más amplia, si hubiese pensado más como papa y como pastor de almas. Así como en teología se aferraba obstinadamente a sus propias convicciones, era también terco en política, lo cual tuvo consecuencias funestas sobre todo en Alemania.


Después de la muerte de Enrique VII, el luxemburgués (1314), la elección para la corona alemana había quedado indecisa. Ambos pretendientes, el duque Luis de Baviera y el duque Federico de Austria se dirigieron al papa pidiéndole que actuara de árbitro. Juan XXII aceptó el arbitraje, pero no se decidió en favor de ninguno, ni siquiera cuando Luis el Bávaro hubo derrotado a su rival (1322) y fue, en consecuencia, reconocido como rey en Alemania entera.

En lugar de Luis, para el tiempo que durara la vacancia del trono, el papa nombró un vicario imperial para Italia, basán­dose en un derecho caído en desuso hacía ya mucho tiempo, y por si esto fuera poco eligió para este cargo al antiguo enemigo del imperio alemán, el rey Roberto de Nápoles. Luis el Bávaro, que no era ningún gran estadista y mucho menos un teólogo, tenía razones para sentirse atacado injustamente. Por su parte nombró un vicario imperial para Italia, a lo que contestó el papa amenazándole con el entredicho eclesiástico.

Luis apeló a un concilio general, y como con este acto se había situado en un terreno falso, Juan XXII le excomulgó (1324). Afluyeron entonces a la corte de Luis todos los adversarios del papa y del papado en general: Miguel de Cesena, ministro general de los franciscanos, que había roto con su orden con motivo de la polémica sobre la pobreza, el inglés Guillermo de Occam, franciscano también y famoso como filósofo, los profesores de París Marsilio de Padua y Juan de Jandún. En la propaganda literaria que se difundió a partir de estos círculos, vino a ponerse en tela de juicio la doctrina entera del primado del papa. Fue la primera campaña antipapal de gran estilo emprendida en el campo teológico y jurídico.

Personalmente, Luis el Bávaro se mantuvo alejado de estas polémicas, y se hubiera alegrado mucho de poder hacer la paz con el papa. Pero los príncipes alemanes protestaron en Sachsenhausen (1324) contra la excomunión de su rey y declararon hereje a Juan XXII. Ante esto, el papa no podía ya ceder, y declaró el entredicho contra toda Alemania. Luis el Bávaro se dirigió a Roma, se hizo coronar por el antiguo enemigo de los papas Sciarra Colonna y erigió su propio antipapa.

Éste, sin embargo, tras la poco gloriosa retirada de Luis, se apresuró a comparecer en Aviñón para presentar sus excusas a Juan XXII. Así, al morir Juan XXII, los asuntos alemanes habían llegado a un grado de confusión difícilmente remediable. En casi todos sus actos el papa había obrado de acuerdo con el derecho formal, y sin embargo no es posible eximirle de toda culpa. Pues, en mayor grado aún que un príncipe secular, el papa debe pensar siempre, cuando interviene en un conflicto, que no basta con que en sus actos le asista el derecho, sino que además deben éstos poseer fuerza de persuasión.

 

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