Pío III (Septiembre-Octubre 1503)
Después de la muerte de Alejandro VI, fue elegido papa el cardenal Piccolomini, hombre piadoso y retraído que bajo los últimos pontificados se había mantenido al margen de todas las intrigas políticas. Pero estaba ya enfermo y agotado, y murió al mes escaso de su elección.
Lo notable del caso es que bastara este breve lapso de tiempo para que el poder de César Borja, del que todos esperaban lo peor, se derrumbara como un castillo de naipes. César había asistido con su padre a aquella fiesta al aire libre en que Alejandro contrajo su mortal malaria, y al tiempo del conclave estaba él mismo en cama con una grave calentura.
Más tarde confesó a su amigo Maquiavelo que tenía previstas todas las contingencias que pudieran ocurrir cuando muriese su padre: lo único que no había previsto era que en aquel momento también él estuviera luchando con la muerte.
Así, en el instante
decisivo las riendas se le escaparon de las manos y le abandonaron casi todos sus partidarios. Inerme y abatido, huyó a Nápoles repuesto apenas de su enfermedad, y desde allí se fue a Navarra, junto a los parientes de su mujer. En Navarra murió, en un duelo, cumplidos apenas los treinta y un años.