El traslado de la corte papal a Francia
Bertrando de Got, que adoptó el nombre de Clemente V, no había estado presente al conclave. Tampoco se trasladó a Italia, sino que para su coronación convocó a los cardenales en Lyon. Esto no significaba todavía que la corte papal fuera trasladada a Francia. El tesoro pontificio seguía en Asís, en lugar seguro. Clemente abrigaba la intención de establecerse en Roma, en el momento oportuno; pero de momento sentó sus reales en diversas ciudades francesas, y desde 1309 en Aviñón.
Frente a la presión ejercida por el rey de Francia, el papa se encontraba en una situación muy difícil. Para eliminar una piedra de escándalo, derogó para Francia la bula Unam Sanctam, dando con ello a entender que no quería inmiscuirse en el poder temporal del rey. Pero a Felipe el Hermoso poco le importaba esta concesión: lo que él quería era
que se emprendiera un proceso en toda forma para declarar la ilegitimidad de Bonifacio VIII, pretensión a la que ningún papa podía acceder. A esta exigencia se añadía, además, otra que revestía la mayor gravedad: el rey exigía del papa la supresión de la Orden de los templarios.