Expansión de la Iglesia
Dentro de este decaimiento paulatino, la Iglesia católica consiguió de momento importantes progresos, aun en el aspecto numérico. En tiempo de Constantino los cristianos estaban aún en minoría dentro del Imperio; al principio es seguro que no constituían más que un quinto de la población total. Hacia fines del siglo IV, probablemente eran ya más de la mitad. Naturalmente que en esto contribuyó no poco el cambio de orientación en el gobierno, pero no hay que exagerar el alcance de esta influencia.
Las leyes dictadas contra el culto pagano, como las promulgadas por Constancio a partir del 341, no significaban sin más ni más un estímulo para las conversiones. Todavía en el siglo IV muchos de los más altos cargos estaban desempeñados por no cristianos. No es probable que en dicho siglo el ritmo de crecimiento de la Iglesia fuera más rápido que en el anterior. Sin embargo, si aceptamos para alrededor de 313 un número de cristianos de seis a diez millones, para el año 400 tendremos, por lo menos, que doblar esta cifra.
Geográficamente, hacía tiempo que el entero territorio del Imperio estaba espolvoreado de comunidades cristianas. Un avance más allá de las fronteras hacia el nordeste, en la línea Rin-Danubio, no era de momento posible, pues la presión de la población actuaba allí en dirección contraria. En cambio, estaban abiertas algunas líneas de penetración hacia el sureste, y más concretamente, desde Siria hacia Mesopotamia y Persia, y desde Egipto a lo largo del Mar Rojo. En esta parte, el cristianismo rebasó las fronteras imperiales ya en el siglo IV. Desde el siglo III habían llegado cristianos a Persia, y en el IV se encontraban allí numerosas comunidades, que tuvieron que sufrir sangrientas persecuciones.
En Arabia meridional, el pueblo de los homeritas o sabeos estaba del todo cristianizado. Abisinia adoptó también el cristianismo en el siglo IV, y san Atanasio consagró a un obispo para Axum. En el siglo VI, Cosme, al relatar sus viajes por la India, menciona una comunidad cristiana de lengua griega en la isla de Socotora, y tiene también noticias, aunque sólo de oídas, acerca de la existencia de cristianos en el sur de la India. Cuándo y cómo se formaron estos grupos, que debieron de ser muy antiguos, es discutido. El cristianismo llegó, también en el siglo IV, a los países del Cáucaso, a los georgianos y albaneses, que nunca habían pertenecido propiamente al Imperio romano.
Es de suponer que estos remotos puestos avanzados serían numéricamente muy pequeños; no pasaban de ser puntas de penetración, avanzadillas, gérmenes henchidos de promesas, Pero estas promesas quedaron frustradas por culpa de las grandes herejías del siglo V, mucho antes de que el Islam obstruyera definitivamente el camino hacia el sureste.
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