Los papas y el reino de los francos
En Italia se había llegado en el siglo VII a una convivencia relativamente soportable con los longobardos, que dominaban la mayor parte de la península. Bajo el dominio inmediato del emperador estaban todavía Ravena en el norte y Nápoles en el sur, y además Apulia, Calabria y Sicilia. Roma pertenecía también nominalmente al Imperio, aunque de hecho gobernaba en ella el papa. Sin embargo, los longobardos nunca habían renunciado del todo a sus planes sobre Roma, y en el siglo VIII volvieron a adoptar una actitud belicosa. El papa Zacarías (741-752) pudo todavía concertar con el rey Luitprando una paz de veinte años. Pero el segundo sucesor de Luitprando, Astolfo, rompió el tratado: conquistó Ravena (751) y se dispuso a someter también a Roma. Así vino a prepararse aquel
trascendental giro en la historia universal, que desligó políticamente al papa de Bizancio para vincularlo con los francos.
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