La dieta del Dr. Dukan

 

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Gregorio V y Silvestre II

 

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Al morir Juan XV en 996, Otón III estaba justamente de camino hacia Roma. Los romanos le pidieron que eligiera él mismo al nuevo papa. Otón III contaba entonces dieciséis años, era profundamente religioso, había sido educado por los mejores maestros y era además un idealista exaltado, que sólo soñaba con el esplendor del antiguo Imperio romano. Designó como papa a su pariente y capellán Bruno, que sólo tenía veinticuatro años y era tan idealista como el emperador. Fue elegido papa con el nombre de Gregorio V, pero después de prometedores comienzos murió en 999. Seguidamente Otón III designó como pontífice a su antiguo maestro Gerberto.

 

Gerberto era francés, obispo de Reims y luego de Ravena, y su ciencia le había valido tal admiración, que la leyenda popular ha hecho de él un hechicero. Tomó el nombre de Silvestre II. No menos idealista que Gregorio V, era, en cambio, un hombre maduro. Por primera vez después de largo tiempo, la Iglesia volvía a tener un papa capaz de abarcar con una mirada la cristiandad entera. Silvestre organizó la jerarquía eclesiástica para los polacos, ya casi enteramente cristianizados, estableciendo la metrópolis en Gnesen, y para Hungría, con sede metropolitana en Gran. Confirió el título de rey al que hasta entonces había sido duque de Hungría, san Esteban.



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