La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

Las devociones

 

linea

 

Si la conmemoración de los fieles Difuntos es el recuerdo que la liturgia conserva de los cluniacenses, la festividad del Corpus es un monumento dejado por la teología escolástica del siglo XIII. En general, las grandes devociones de la piedad católica deben mucho a la escolástica, la cual creó algunas nuevas y permitió el desenvolvimiento de otras. Surge una «devoción» cuando a una cosa concreta procedente del campo de la fe, sea un misterio o una persona, se le hace objeto de una veneración especial. Así, no hablamos de «devoción a Dios», pero sí de una devoción a la Providencia divina o al misterio de la santísima Trinidad; no de una «devoción a Jesús», pero sí a su nombre, a su infancia, a su pasión, a su corazón, a su realeza.

 

Justamente el desarrollo de las devociones ha prestado una profundidad e intimidad especiales a la piedad católica, y sólo un flagrante desconocimiento de las características de esta religión puede llegar a pensar que la piedad queda así superficializada o vulgarizada, o desviada de lo esencial. Las devociones permiten al cristiano más sencillo aprender con la oración las más profundas verdades de su fe. La Iglesia ha favorecido siempre las devociones, no limitándose a tolerarlas como cosa privada. La liturgia oficial está íntimamente impregnada de ellas, y desterrarlas de la liturgia significaría repudiar todo el pasado de la Iglesia, pretender reducir la liturgia a una fase primitiva y rudimentaria.

 

Pero las devociones sólo pueden surgir sobre el suelo de una teología sana, y aquí precisamente es donde la escolástica ha creado las más amplias posibilidades, con el uso de sus métodos de análisis y sus sutiles definiciones. Así vemos que las grandes devociones y los grandes devotos aparecen al mismo tiempo que la escolástica.


La devoción a Jesús niño, a la que los franciscanos dieron expresión popular con sus belenes, hace más fértil el culto a la Madre de Dios y conduce a la veneración de la sagrada Familia y de san José. El culto a san José no empieza a cobrar fuerza hasta los siglos XIV y XV, en Gerson, Pedro de Ailly, san Bernardino de Siena, si bien es cierto que sus comienzos, como en tantas devociones, se remontan hasta san Bernardo.

 

La meditación de la pasión de Cristo, a cuya difusión contribuyeron también especialmente los franciscanos, fue la devoción preferida de todas las almas fervorosas de la Edad Media. De la adoración de las cinco llagas nació la devoción al sagrado Corazón de Jesús, que se encuentra ya en santa Gertrudis de Helfta OSB († 1302) y otras místicas alemanas, en Italia en Margarita de Cortona († 1297), en el siglo XIV en Ángela de Foligno y Ubertino da Casale. Los servitas practicaban preferentemente la devoción a la Madre Dolorosa. Un recuerdo de esta devoción es el himno Stabat Mater, escrito en el siglo XIII, por no hablar de otras realizaciones artísticas que deben su origen a las devociones.


Volver al índice