Las órdenes militares
Al mismo tiempo que los cistercienses y en parte bajo su impulso, entre las filas de los cruzados en Palestina surgió una nueva oleada de vida religiosa, que se concretó en las órdenes militares, las cuales, replantadas en Europa, gozaron durante un tiempo de gran popularidad.
En el año 1119 el cruzado francés Hugo de Payns con otros siete caballeros prestó juramento de obediencia al patriarca de Jerusalén, junto con el voto de asumir la defensa y protección de los peregrinos contra los infieles. Los juramentados llevaban vida en común, según el modelo de los canónigos regulares. El rey Balduino II les cedió una parte de su palacio, no lejos del templo, por lo cual recibieron el nombre de templarios. Hugo de Payns partió para Europa y en 1128 obtuvo en el sínodo de Troyes la aprobación de su fundación por los legados papales. San Bernardo compuso para él la regla de la orden y escribió un libro, «En elogio de la nueva caballería», que hizo la orden conocida en toda Europa. Los templarios adoptaron de los cistercienses sus hábitos blancos. Eugenio III les permitió ostentar una cruz roja sobre el blanco manto. La organización definitiva fue aprobada por Inocencio II en 1139. La orden comprendía tres categorías: los caballeros, célibes pero no sacerdotes, entre los que era elegido el maestre general, los capellanes y los hermanos que hacían servicio de armas y atendían a los enfermos. La gran popularidad adquirida por los templarios, en Francia sobre todo, les aportó grandes riquezas, las cuales fueron causa en 1312 de su trágico fin.
Aún más famosa que la de los templarios fue otra orden, nacida también en Jerusalén, en el hospital de peregrinos, del que tomó su nombre primitivo de orden del hospital o de san Juan Bautista, aunque es más conocida por su designación posterior de caballeros de Rodas o de Malta, por los lugares que más tarde ocuparon.
Su primera regla fue redactada por Raimundo de Puy en 1125. Su constitución era análoga a la de los templarios. Esta orden en el siglo XVI atrajo sobre sí la atención de la cristiandad entera por su heroica defensa de la isla de Malta.
Algo más tarde, los cruzados de Brema y Lübeck constituyeron, en el hospital de Acre, la orden teutónica. Su verdadero fundador fue el duque Federico de Suabia, quien adoptó la regla de los templarios. Clemente III aprobó la orden en 1191, y el emperador Enrique VI le dio en 1197 el primer monasterio que tuvo en suelo europeo, en Palermo. Los caballeros buscaron en seguida un nuevo campo de acción en el nordeste de Europa. El duque de Masovia en 1226 regaló al gran maestre Hermano de Salza el territorio de Kulm. Los caballeros teutónicos se fundieron con los caballeros de Cristo, o hermanos de la Espada, fundados en 1202 por el obispo de Riga, y con el tiempo conquistaron y cristianizaron todo el país. El primer maestre de Prusia, Hermann Balk († 1239), fundó Thorn, Kulm, Marienwerder, Rheden, Elbing. Más tarde (1255) a estas fundaciones se añadió la de Koenigsberg y en 1276 la de Marienburg. La residencia del gran maestre era, al principio, Acre, luego Venecia y desde 1309 Marienburg. Los castillos e iglesias construidos por los caballeros teutónicos en el elegante estilo gótico, llamado más tarde gótico de ladrillo, dan aún hoy a aquellas tierras su sello característico. Por la derrota de Tannenberg en 1410, los caballeros teutónicos quedaron sometidos a la soberanía polaca.
Órdenes militares análogas surgieron en España con ocasión de la guerra contra los moros; así en 1180 la orden de Calatrava.
Varias de estas órdenes militares, después de muchas vicisitudes, han sobrevivido hasta hoy en una u otra forma. Los caballeros de Malta constituyen una congregación nobiliaria que persigue fines sociales y benéficos, así como su rama protestante, los Johanniter en el norte de Alemania. De la orden teutónica subsiste aún un resto como simple orden clerical. Otras se han convertido en simples órdenes honoríficas, en las que el recuerdo del estado antiguo se perpetúa sólo en los títulos, gran cruz, encomienda, venera. Pocos de los que hoy ostentan estas insignias, a modo de condecoraciones, tienen conciencia de los vínculos que los unen con las Cruzadas.
Las órdenes militares tenían el inconveniente de ser demasiado un producto de las circunstancias del tiempo y del feudalismo medieval, para poder prestar servicios duraderos a la Iglesia. Pero en su época hicieron mucho bien. Despertaron en el pueblo cristiano el interés por la difusión de la fe y la práctica organizada de la caridad. En cuanto al monacato en general, su trascendencia radica en haber sido las primeras órdenes religiosas que, junto a los fines de perfección personal, se propusieron como misión específica una actividad práctica exterior. Con ello desbrozaron el terreno para las futuras órdenes activas.
Este fue, de un modo especial, el caso de los trinitarios, que adoptaron como misión la de prestar auxilio a los esclavos cristianos. Aunque semejantes a una orden militar, fueron fundados como canónigos regulares. Sus fundadores fueron el provenzal Juan de Mata († 1213) y el príncipe francés Félix de Valois († 1212). Inocencio III confirmó la orden en 1198. La primera expedición que hicieron al África, dirigida por dos trinitarios ingleses, regresó a Europa con ciento ochenta y seis esclavos cristianos liberados. Pronto siguieron más, y con los éxitos afluyeron abundantemente los recursos. La orden se extendió sobre todo por Inglaterra e Irlanda, donde en total se establecieron casi un centenar de casas.
Tanto o más populares fueron aún los mercedarios, orden nacida de una agrupación de caballeros catalanes que habían tomado a su cargo la defensa de la costa contra los piratas. Su transformación en una orden militar fue obra de san Pedro Nolasco y del gran dominico san Raimundo de Peñafort (1223). En su primera expedición al sur de la España musulmana, Pedro Nolasco repatrió cuatrocientos esclavos. En total, el número de esclavos liberados por la orden de Nuestra Señora de la Merced se calcula en setenta mil. En el año 1318 Juan XXII decidió que el prior general debía ser elegido entre la clase de los sacerdotes. Entonces los caballeros salieron de la orden y fundaron la de Montesa. Desde entonces los mercedarios fueron contados entre las órdenes mendicantes. Más tarde hallaron un amplio campo para sus actividades en las colonias españolas de América.
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