Las universidades
Las primeras universidades propiamente dichas surgieron hacia fines del siglo XII, no como transformación de las escuelas catedralicias o claustrales, sino por la libre asociación de maestros y discípulos. Tales asociaciones recibieron luego extensos privilegios de los príncipes, y sobre todo del papa, entre ellos jurisdicción propia y también beneficios eclesiásticos. Los primeros «Estudios generales», que tal era su nombre primitivo, aparecieron en París, Bolonia, Oxford. Las universidades posteriores fueron por lo común fundaciones de reyes y señores, pero siempre con privilegio papal.
las más antiguas de esta clase figuran Nápoles, fundada en 1224 por Federico II, Tolosa en 1229 por Gregorio IX, Roma en 1244 por Inocencio IV, y en España Palencia, fundada en 1212 y Salamanca, fundada en 1243. En el territorio del Imperio alemán no se fundaron universidades hasta el siglo XIV: Praga en 1348 por Carlos IV, Viena en 1365, Heidelberg en 1385, Colonia en 1392, Erfurt en 1392. En las universidades los estudios estaban distribuidos en cuatro facultades: teología, derecho, medicina y las artes liberales, que correspondían a nuestras facultades de filosofía y letras.
Todas tenían facultades de artes, pero incluso las que carecían de una facultad de teología, poseían un muy marcado carácter eclesiástico. En las ciudades donde había universidad se fundaban colegios para los estudiantes. Uno de estos fue el erigido en París por Juan de Sorbón, un capellán de san Luis, del que más tarde tomó nombre la universidad. La universidad de París pasó siempre por ser la primera de la cristiandad, y modelo de todas las demás.
Con la instauración de las universidades y, sobre todo, con la introducción en ellas de las órdenes mendicantes se inicia la edad de oro de la teología medieval, la edad de la escolástica. En riqueza de producción y en altura espiritual de ésta, el siglo XIII sólo puede compararse con la época de alrededor del año 400, el tiempo de los grandes padres de la Iglesia. Los grandes nombres de la edad de oro de la escolástica son: De la orden franciscana, el inglés Alejandro de Hales († 1245), lector en París; Juan Fidanza de Bagnorea, en Toscana, llamado Buenaventura, general de la orden y también lector en París († 1274); Juan Pedro Olivi († 1298); Rogerio Bacon († 1294); Juan Duns Escoto, lector en Oxford, París y Colonia, donde murió en 1308.
Pertenecen a los dominicos: el más grande entre los grandes, el napolitano santo Tomás de Aquino, que debe ser contado entre los más importantes pensadores de la humanidad y cuya influencia sobre la teología sigue sin mengua hasta hoy († 1274); su maestro el sabio Alberto Magno († 1280); el polígrafo Vicente de Beauvais († 1264); Pedro de Tarantasia, papa con el nombre de Inocencio V († 1276). Eran sacerdotes seculares: Enrique de Gante († 1293), lector en París; Raimundo Lulio de Mallorca († 1316); Roberto Grosseteste, lector en Oxford († 1253).
Quizás en ninguna otra parte se muestra tan claramente como aquí la perfecta unidad de la Edad Media, para la cual no existían las fronteras nacionales; no es que la Iglesia desempeñara un papel directivo dentro de la cultura espiritual, sino que la cultura entera era eclesiástica desde sus raíces, y no había otra.
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