La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

Alejandro III (1159-1181)

 

linea

 

Un nuevo cisma estalló después de la muerte del papa inglés. La mayoría de cardenales eligió al que hasta entonces había sido canciller del papa, Rolando Bandinelli, con el nombre de Alejandro III, hombre de gran valía pero odiado por los alemanes; una minoría se pronunció por Octaviano Colonna, que tomó el nombre de Víctor IV. Barbarroja, aconsejado por Rainaldo de Dassel, reconoció a Víctor IV. Pero en favor de Alejandro III se pronunciaron no sólo los reyes de Francia y de Inglaterra, sino también muchos obispos alemanes y, además, la orden cisterciense, lo cual era de mucho peso aun después de la muerte de san Bernardo († 1153).

 

En Italia, donde por aquel tiempo las ciudades empezaban ya a constituir comunidades independientes de gran importancia política, surgió una liga de ciudades contra el emperador. Empezaron siendo sólo cuatro: Verona, Vicenza, Padua y Venecia, pero terminaron siendo veintidós, especialmente de Lombardía, donde no se había olvidado la destrucción de Milán; de ahí el nombre de «Liga lombarda» que se dio a la alianza. La liga construyó una fortaleza al sur del Po, que en honor del papa fue llamada Alejandría.


Después de la muerte de Víctor IV el emperador erigió otro antipapa, Pascual III, se dirigió a Roma y en 1167 se hizo coronar emperador por segunda vez. Fue también Pascual III el que canonizó a Carlomagno. El acto era inválido, pero los papas posteriores permitieron que se celebrara la fiesta en su honor, al menos en Aquisgrán. El ejército de Barbarroja, acampado ante Roma, fue diezmado por una peste, a la que sucumbió también Rainaldo de Dassel.

 

El emperador tuvo que escapar precipitadamente hacia Alemania. No volvió a Italia hasta 1174, con un nuevo ejército, sitió en vano Alejandría y, finalmente, sufrió una decisiva derrota a manos de las tropas de la Liga lombarda en Legnano. Concertó un armisticio e hizo la paz con el Papa, con quien en 1177 se entrevistó en Venecia. El emperador abandonó al antipapa Calixto III sucesor de Pascual III, y renunció a los bienes y derechos eclesiásticos que había usurpado; el papa le levantó la excomunión y confirmó los nombramientos de obispos alemanes hechos por Federico. La paz con la Liga lombarda no se firmó hasta 1183 en Constanza.


Alejandro III, que hasta entonces había residido la mayor parte del tiempo en Francia, fue escoltado hasta Roma por las tropas imperiales. Allí reunió en 1179 un sínodo en Letrán, que es contado como el undécimo concilio ecuménico. Para evitar que se repitieran los incidentes ocurridos en su elección, dispuso que para la elección de un papa fuera necesaria una mayoría de dos tercios; esta disposición sigue aún hoy en vigor.


Los papas siguientes, Lucio III (1181-1185), Urbano III (1185­1187), Gregorio VIII (1187) estuvieron en una relativa paz con el emperador, pero no con los romanos. Urbano y Gregorio III siquiera se presentaron nunca en Roma. Sólo Clemente III (1187-1191) pudo volver a la ciudad. El anciano Barbarroja obedeció a su llamamiento de cruzada, acaso con la intención de reparar yerros anteriores. Ya hemos aludido a su trágico fin en Asia Menor.

 

Volver al índice