La dieta del Dr. Dukan

 

Oraciones Temas

Bonifacio VIII (1294-1303)

 

linea

 

 

Para escapar a la humillante sumisión al rey de Nápoles, Bonifacio VIII, contra la voluntad de aquél, trasladó en seguida su corte a Roma. Y con el fin de que nadie pudiera utilizar la persona del cándido Celestino V para provocar un cisma, mantuvo a su. predecesor en una especie de honorable prisión en un castillo de Anagni, hasta que murió en 1296. No tuvo en cuenta que, con esta conducta, se atraía desde un principio el aborrecimiento de los numerosos devotos del «papa angélico».

 

Pero este fue un rasgo constante en Bonifacio VIII: excelente jurista como era, tenía una fe ciega en el derecho abstracto, en su derecho, y sentía una despreocupación casi infantil ante las posibles consecuencias de sus actos.

 

Comienzos del conflicto con Francia


En el año 1285 se había extinguido la antigua dinastía que reinaba en Escocia. Las consecuencias fueron no sólo turbulencias intestinas, sino también una inacabable querella entre los reyes de Inglaterra y Francia, cada uno de los cuales hacía valer sus derechos a la herencia.

 

El conflicto dio lugar a una serie de guerras, que duraron casi dos siglos y que sólo sirvieron para debilitar a Francia e Inglaterra y preparar así la disgregación de la gran familia que los pueblos cristianos constituían en la Edad Media. Bonifacio VIII reconoció desde un principio cuán funesta iba a ser esta disputa. Para él significaba, además, renunciar a toda esperanza de poder suscitar jamás una nueva cruzada. Sin embargo, fueron vanos todos sus esfuerzos diplomáticos, que se estrellaron no tanto en la resistencia del rey inglés Eduardo I (1272-1307), como en la de Felipe el Hermoso de Francia (1285-1314).

 

Este nieto de san Luis era un gobernante capaz y sin escrúpulos, cuyo realismo político lo situaba muy por encima del papa. La manera como Bonifacio VIII procedió contra él tiene a veces algo de pueril ingenuidad. Cuando vio que no se atendía a sus exhortaciones de paz, determinó Bonifacio echar mano de sanciones al estilo de Inocencio III. Por la bula Clericis laicos prohibió a los prelados franceses que pagaran tributos al rey.

 

Imaginaba de este modo poner de su parte a los prelados, que siempre se estaban quejando de lo gravoso de los impuestos, al tiempo que dejaba al rey sin recursos para sus empresas bélicas contra Inglaterra. Felipe contestó prohibiendo toda exportación de dinero desde Francia a Italia, con lo que, dada la situación del tiempo, la hacienda apostólica quedó en gran parte paralizada. Bonifacio VIII tuvo que dar marcha atrás, y en señal de reconciliación canonizó a Luis IX, el abuelo de Felipe.

Volver al índice