La dieta del Dr. Dukan

 

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Los comienzos de la lucha por Sicilia

 

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Sucesor de Barbarroja fue su hijo Enrique VI, de veinticinco años; simultáneamente subía al trono pontificio un anciano de ochenta y cinco años, Celestino III, el cual en 1191 coronó emperador a Enrique. La esposa de éste era Constancia, hija del rey de Sicilia Rogerio II y de Alberia Pierleoni. Cuando en 1189 murió sin sucesión el sobrino de Constancia, el rey Guillermo II, Enrique VI hizo valer sus derechos a la sucesión.

 

Pero los grandes sicilianos y napolitanos favorecían la candidatura de Tancredo de Lecce, hijo natural del duque Rogerio y hermano, por tanto, de Constancia. La cuestión de derecho podía parecer dudosa, y el arbitraje incumbía al papa, como soberano feudal de Sicilia.


Para el papa era una cuestión vital el que el norte y el sur de Italia no estuvieran en manos de una misma potencia. La Santa Sede, desarmada como estaba y, por tanto, en último término políticamente impotente, sólo podía mantener su independencia si en Italia se establecía un equilibrio de poderes.

 

Por consiguiente, Celestino III se decidió por Tancredo en contra de Enrique. Como tantas veces ha ocurrido en la historia del papado, se decidió precisamente por el partido que estaba destinado a sucumbir. Tancredo murió en 1194, y Enrique VI se apoderó expeditivamente de todo el reino, sin preocuparse de la soberanía del papa.

 

La sangrienta venganza que tomó de sus enemigos parecía preparar el terreno para una nueva excomunión, pero el pontífice, con sus noventa y dos años, se negó a hacer uso de este recurso extremo. Entonces murió Enrique VI en Mesina, el 28 de septiembre de 1197, y el papa le siguió pocos meses después.

 

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