La dieta del Dr. Dukan

 

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El jubileo

 

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Bonifacio VIII ordenó un jubileo para el año 1300. El término procedía del Antiguo Testamento: así como en el año jubilar, según las prescripciones del Levítico, quedaban en suspenso todas las deudas y demás obligaciones, también los fieles tendrían ahora oportunidad de obtener una remisión particularmente extensa y solemne de sus culpas y, en cuanto ello dependiera de la Iglesia, de las penas a ellas correspondientes. La idea de una penitencia general y extendida a la vida entera, que ya en los siglos V y VI había inspirado la aparición del voto penitencial, había permanecido siempre viva.

 

El voto de los cruzados era también concebido en esta forma. Pero había aún otra circunstancia que hacía particularmente oportuna la instauración del jubileo, y ésta era la extremada complicación que el derecho penitencial había ido adquiriendo durante la Edad Media, con todas sus censuras y casos reservados; semejante simplificación, aunque sólo fuera excepcional, de los procedimientos absolutorios no podía menos que ser acogida como un gran beneficio.

 

La idea obtuvo, pues, un gran eco en toda la cristiandad. De todas partes acudían los peregrinos a Roma, para visitar los sepulcros de los apóstoles y lucrar el jubileo. Por un momento, la ciudad de Roma volvió a ser el centro de la cristiandad.

 

El jubileo constituyó un hermoso éxito, desde el punto de vista pastoral. Pero inmediatamente después volvieron a estallar las hostilidades con Felipe. El rey hizo encarcelar a un legado papal, y el papa, en la bula Ausculta fili, lo emplazó ante su tribunal en Roma. Felipe publicó la bula, pero con un texto completamente distinto y mucho más violento, seguida de su propia contestación que aunque no fuera mandada a Roma, le sirvió sin embargo a las mil maravillas para la obtención de sus fines: el país entero se colocó al lado de su rey, a quien el papa, a lo que parecía, había ofendido gravemente.

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