La dieta del Dr. Dukan

 

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Inocencio III

 

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Adriano IV, Alejandro III e incluso el anciano Celestino III habían sido papas de una energía poco común, pero ahora ascendía al solio pontificio un hombre que, admirado ya por los contemporáneos, había de ser el asombro de la posteridad: Lotario, de la familia de los Conti de Segni, que adoptó el nombre de Inocencio III. Cuando fue elegido no contaba más que treinta y siete años de edad. En el campo político, dos tareas principales aguardaban a Inocencio III.

 

Una era poner finalmente orden en Roma y en los Estados de la Iglesia, la otra era la cuestión siciliana. Coexistían entonces en Roma dos autoridades cuyas respectivas competencias no siempre estaban claramente delimitadas: una era el prefecto urbano, originariamente un magistrado nombrado por el emperador, pero cuya dignidad se había vinculado hereditariamente en la familia de los señores de Vico; la otra era el senador o senadores, de elección popular.

 

Inocencio convirtió los dos cargos en magistraturas papales. Mas no por ello dejó Roma de constituir una comunidad independiente. Durante el pontificado de Inocencio III la ciudad de Roma estuvo en guerra con la ciudad de Viterbo, que era también del papa. Es un ejemplo de las anomalías que la soberanía medieval hacía posibles.

 

Del resto de los Estados papales apenas quedaba más que el nombre. Inocencio volvió a someter hasta cierto punto a su soberanía los antiguos feudos de la marquesa Margarita de Toscana, el ducado de Spoleto y la marca de Ancona, la llamada Pentápolis; en todas estas regiones se habían establecido vasallos imperiales.


En el reino de Sicilia-Nápoles la situación había cambiado por completo con la prematura muerte de Enrique VI. Era heredero de la corona un niño de tres años, el futuro emperador Federico II. Por este lado el papa no tenía por qué temer peligro alguno. En su lecho de muerte el propio Enrique había suplicado al papa que conservara la corona a su hijo, y su viuda Constancia, fallecida también en 1198, nombró al papa tutor de Federico. Así Inocencio III regentó el reino en nombre de su pupilo, hasta que éste llegó a la mayor edad en 1208.

 

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