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La conquista de Jerusalén

 

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Cuando los caballeros estuvieron reunidos en Constantinopla, con gran sorpresa de todos el emperador les exigió que le prestaran juramento de fidelidad. Los cruzados lograron cruzar toda el Asia Menor, siguiendo de victoria en victoria aproximadamente el camino marcado hoy por el ferrocarril de Anatolia. En 1098, estando ellos detenidos en Antioquía, la ciudad de Jerusalén, que antes de la conquista seljúcida había pertenecido al califato de El Cairo, fue reconquistada por los egipcios. No por ello alteraron los cruzados sus planes. Bajo la dirección del caballero valón Godofredo de Bouillon, en 15 de julio de 1099 tomaron al asalto Jerusalén. El primer objetivo de la cruzada estaba, pues, cubierto.


Los caballeros procedieron entonces a organizar, en las regiones conquistadas, estados feudales a la manera medieval. Se creó un principado de Antioquía regido por el normando Bohemundo, hijo de Roberto Guiscardo, y un principado de Edesa para Balduino de Bouillon, hermano de Godofredo. Del reino de Jerusalén debía hacerse cargo el propio Godofredo. Pero éste abdicó pronto, de su título real, y además falleció unos meses después de la conquista. Así, el primer rey de Jerusalén fue su hermano Balduino. También se instituyó una jerarquía latina, con patriarcas en Jerusalén y Antioquía, y diversos obispados sufragáneos. Los restos de la antigua población cristiana en Siria y Palestina eran aún más numerosos que hoy.


Los historiadores islámicos han considerado siempre las cruzadas como unas injustificadas guerras agresivas y de conquista. No deja de sorprender este juicio en boca de los musulmanes, habida cuenta de que ni los árabes, ni los egipcios ni los seljúcidas podían presentar otros títulos a la posesión de aquellas tierras que los derivados de su ocupación armada. Pero dejando de lado esta cuestión, la verdad es que ni el papa, ni los príncipes y caballeros cristianos abrigaban la menor duda sobre la justicia de su causa. No sólo les parecía evidente su derecho a dominar los Santos Lugares, sino que toda lucha contra los infieles les parecía justificada de suyo, cosa que, por lo demás, creían también por su parte los musulmanes.

 

En los años siguientes se sucedieron sin interrupción las oleadas de refuerzos procedentes de Occidente. En 1101 se creó un cuarto principado, el de Trípoli en Siria. Los cruzados establecidos en el país edificaron castillos e iglesias, de las que quedan aún hoy restos grandiosos. El primer revés ocurrió cuando en 1144 el emir turco de Mosul conquistó Edesa.


El hecho causó una gran impresión en Occidente, y san Bernardo, que estaba entonces en la cúspide de su prestigio, consiguió reunir una nueva cruzada, en la que participaron el emperador alemán Conrado III y el rey de Francia Luis VII. Los cruzados que viajaban por mar desde el norte de Europa, ayudaron, de paso, al rey de Portugal Alfonso I a arrebatar Lisboa a los moros (1147). Pero éste fue el único éxito de la empresa. Los alemanes sufrieron en Dorilea, en el Asia Menor, una severa derrota. Fracasó una expedición dirigida contra Damasco. San Bernardo tuvo que oir amargos reproches.

 

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