Las últimas cruzadas
El emperador Federico II, nieto de Barbarroja, había prometido varias veces salir en cruzada. Acosado por el papa Gregorio IX, en 1227 reunió por fin un ejército en Brindis; pero se presentó la peste en el campamento, y murió un gran número de caballeros, entre ellos el landgrave Luis de Turingia, marido de santa Isabel.
Finalmente Federico II se hizo a la mar, pero entonces cayó él mismo enfermo y se volvió atrás. Gregorio IX, ya de antes gravemente irritado por la conducta del emperador, lo excomulgó. Entonces, con poca gente, Federico se dirigió realmente a Palestina y obtuvo del sultán un tratado que no era del todo desfavorable: los cristianos renunciaban al resto de Siria, pero obtenían Jerusalén, Belén, Nazaret y una faja de tierra que unía los Santos Lugares con el puerto de Acre.
El excomulgado emperador se coronó rey de Jerusalén en la basílica del Santo Sepulcro, mientras el patriarca fulminaba el entredicho. Seguidamente Federico regresó a Apulia. El estado de cosas creado por él no duró mucho tiempo; en 1244 Jerusalén fue definitivamente arrebatado a los cristianos, y a éstos no les quedó más que Jaffa, Acre y, en el Norte, Antioquía.
En 1245 el concilio de Lyon decidió promover una nueva cruzada, pero como continuaba la disputa entre el emperador Federico II y el papa, y por lo demás el entusiasmo estaba ya muy decaído, sólo el rey de Francia Luis IX el Santo (1226-1270) se puso en camino hacia Tierra Santa. Conquistó Damieta en 1249, pero cayó prisionero y tuvo que pagar un rescate. Hasta 1254 se quedó en Palestina, como un particular, rescatando a muchos esclavos cristianos; luego volvió a su tierra.
El año 1261 trajo el fin del imperio latino. Apoyado por los genoveses, rivales de los venecianos, el emperador de Nicea, Miguel Paleólogo conquistó Constantinopla. El emperador Balduino II, el patriarca latino y los venecianos se dieron a la fuga. De todos modos, los venecianos conservaron en su poder numerosas islas.
En el Peloponeso el principado de Morea, bajo la capaz dinastía de los Villehardouin, subsistió hasta 1446, y hasta 1456 el ducado de Atenas, donde desde 1333 dominaba la familia de mercaderes florentinos de los Acciajuoli. En el año 1268 los cristianos perdieron Jaffa y Antioquía. No les quedaba más que Acre. Luis IX se puso de nuevo en camino, pero sólo pudo llegar hasta Cartago, donde murió de la peste. En 1291 cayó también Acre.