La dieta del Dr. Dukan

 

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Escandinavia y los países bálticos

 

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Los tres reinos del norte, Suecia, Noruega y Dinamarca, desde la unión de Calmar de 1397 estaban en unión personal bajo el rey de Dinamarca. El motivo de que Suecia se separara de la Iglesia fue el conflicto entre el arzobispo de Upsala, Gustavo Trolle (1515-1535), con el administrador imperial Sten Sture.

Sture encarceló al arzobispo y le forzó a deponer el cargo, tras lo cual el papa lo excomulgó y dictó el entredicho contra Suecia. Seguidamente el rey Cristián II entró en Suecia y se hizo coronar rey por el arzobispo Trolle (1520). Luego Cristián hizo ajusticiar a dos obispos, adversarios de Trolle, y a otros grandes en la llamada matanza de Estocolmo.

Entonces estalló la revolución en Suecia. Se disolvió la unión con Dinamarca, se proclamó rey al luterano Gustavo Wasa y el protestantismo fue introducido en el país. De todos modos, sólo en apariencia se trataba de una guerra de religión, pues también Cristián II se inclinaba hacia el luteranismo.

Sin embargo, Dinamarca siguió siendo católica durante algunos años. Cristián II fue expulsado en 1523, y hasta Cristián III (1534-1559) no se introdujo la reforma en Dinamarca, lo mismo que en Noruega e Islandia. El rey encargó a Bugenhagen, amigo y discípulo de Lutero, que redactara una constitución eclesiástica como la que se había implantado en los estados protestantes.

Los escandinavos procedieron con gran habilidad en la implantación de la nueva religión, pues instruidos por la experiencia alemana, conservaron la forma exterior del culto católico, con lo que el pueblo apenas se dio cuenta del cambio.
En los estados bálticos, sometidos a los caballeros teutónicos, la apostasía empezó en 1525, cuando el gran Maestre Alberto de Brandenburgo convirtió la Prusia oriental en un ducado secular. Su hermano Guillermo, arzobispo de Riga desde 1539, introdujo la reforma en Livonia.

El resto del estado de la orden, Curlandia y Estonia, siguió católico hasta 1562. En este año el maestre Gotardo de Ketteler hizo de Curlandia un ducado secular, adepto de la confesión de Augsburgo, y a imitación de Alberto de Brandenburgo lo puso bajo la soberanía feudal de Polonia. Estonia pasó a poder de Suecia, que desde hacía años había abrazado la fe protestante. También Finlandia, que pertenecía a Suecia, se hizo protestante con ésta.



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