La reforma, Martin Lutero y la apostasía de Alemania
Martín Lutero había nacido en 1483 en Eisleben, hijo de un minero. A los veintidós años ingresó en la orden de eremitas de san Agustín, de Erfurt, y recibió las órdenes en 1507. En 1510 hizo un viaje a Roma para asuntos de su orden. Desde 1512 hasta su muerte fue profesor de teología en la universidad de Wittenberg. Como religioso era hombre devoto y escrupuloso, demasiado escrupuloso incluso; animado de un sincero afán de santidad, pero con una deficiente preparación escolástica y demasiado obstinado para atender a los consejos de los demás, tendía a la cavilosidad. El problema fundamental de toda su vida fue la cuestión de si, y cómo puede el hombre alcanzar la certeza de su salvación eterna. Ello no le parecía posible por el ejercicio de ciertos actos salvíficos y el cumplimiento de determinados preceptos, puesto que el hombre jamás podía saber si realmente había dado satisfacción; se inclinaba más bien a creer que la solución estaba en una fe incondicional en la gracia divina, confundiendo la doctrina de la confianza cristiana, fundamental en la teología católica, con el convencimiento personal de que esta esperanza había de verse cumplida. En consecuencia, las obras salvíficas, la observancia de los mandamientos, tanto positivos como negativos, habían de parecerle, si no superfluas, en todo caso menos necesarias, ya que por medio de determinados actos u omisiones no podía el hombre ganar derecho ninguno a su salvación, sino que ésta sólo podía obtenerse por medio de una firme fe en ella.
Estas ideas se encuentran ya en sus primeras lecciones. Pero no entró en conflicto con la autoridad eclesiástica hasta que Tetzel vino a predicar la indulgencia. Desde el año 1506 en que Julio II había empezado la construcción en Roma de la nueva iglesia de San Pedro, se había invitado a los fieles de todos los países a contribuir a sufragar los gastos, concediendo indulgencias a los que, además de otras buenas obras, aportaran una cantidad, cuyo importe se dejaba a su criterio. Para estimular las aportaciones y dirigir hacia Roma, a través de los obispos, el dinero así recaudado, se nombraron predicadores especiales, y uno de estos era en Turingia el dominico Tetzel. El procedimiento no era nuevo ni tenía nada
de chocante para la mentalidad medieval. Los fieles tampoco se preocupaban demasiado de si las limosnas recaudadas con las indulgencias eran administradas con la escrupulosidad que es lícito exigir a las autoridades eclesiásticas. Lo que les importaba era la buena obra en sí misma. No fue tampoco este punto lo que atrajo la protesta de Lutero, a pesar de lo mucho que sobre ello hubiera podido decirse, dada la irresponsabilidad que en asuntos económicos reinaba entonces en la corte papal; lo que Lutero hizo fue aprovechar la oportunidad de la predicación de las indulgencias, para dar a conocer al público su nueva doctrina sobre la justificación por la fe sola y con independencia de las buenas obras. Lo hizo fijando sus noventa y cinco tesis con las que, a la manera académica, invitaba a una discusión sobre diversas cuestiones teológicas, en especial sobre la indulgencia y el valor de las buenas obras en general. Las tesis de Lutero, aunque por su forma no constituían mas que un asunto puramente escolástico, se difundieron en seguida por toda Alemania y despertaron la mayor expectación. También en Roma se tuvo pronto noticia de ellas. Ya en 1518 León X citó a Lutero a Roma, aunque a petición suya le permitió que se justificara ante el legado papal, el cardenal Cayetano, que entonces residía en Augsburgo. Lutero no aceptó la retractación que le proponía Cayetano, y apeló a un concilio general. Esto significaba ya la rebelión abierta. En el año 1520 publicó León X la bula Exurge, en la que se condenaban como heréticas las doctrinas de Lutero y se le amenazaba a él mismo con la excomunión. Como Lutero no se sometió, sino que quemó públicamente la bula en Wittenberg, en 1521 se dictó contra él la excomunión solemne. En verdad que no puede decirse que León X tomara en un principio el asunto a la ligera.
Personalidad de Lutero
Comienzos de la apostasía
La liga de Esmalcalda
La paz de Augsburgo
Carlos V
La reforma en Suiza
Zuinglio
Calvino
Inglaterra
El divorcio de Enrique VIII
Tomás Moro
Escandinavia y los países bálticos
Causas de la apostasía