La dieta del Dr. Dukan

 

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Inglaterra

 

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En el siglo XV Inglaterra había pasado por crisis muy graves. La guerra llamada de los Cien años, aunque en realidad fue mucho más larga, en la que Inglaterra conquistó temporalmente la mitad de Francia, había terminado con la pérdida de todas las posesiones continentales y con un completo agotamiento del país.

La guerra de las Dos rosas, que la siguió inmediatamente, o sea, la guerra entre las dos líneas de la casa real, Lancaster y York, universalmente conocida gracias a los dramas históricos de Shakespeare, acarreó la ruina de las dos dinastías.

Finalmente, en 1485 Enrique VII, de la casa de los Tudor, un político de dotes poco comunes, reunió en sus manos todo el poder, y como la antigua nobleza feudal había quedado prácticamente eliminada en las guerras dinásticas, pudo introducir la monarquía absoluta con una administración centralizada y una jerarquía de funcionarios, con lo que vino a producirse en Inglaterra el mismo proceso que contemporáneamente ocurría en Francia y en España.

El país se repuso con sorprendente rapidez. Aun hoy son característicos de Inglaterra los numerosos edificios procedentes de esta época y construidos en aquella forma del gótico tardío que conocemos con el nombre de estilo Tudor.

A Enrique VII le sucedió en 1509 su hijo Enrique VIII, de dieciocho años, gobernante no menos capaz que su padre, pero aún más despótico, de carácter inconstante y desprovisto de principios morales. Su canciller era el cardenal Wolsey. Wolsey ambicionaba llegar a papa, y de hecho gobernaba como un papa la Iglesia inglesa, sobre todo desde que Adriano VI le nombró legado vitalicio, con muy extensos poderes.

La tutela de Wolsey, de la que es aún hoy testimonio el famoso Christ Church College de Oxford, hubiera podido ser muy beneficiosa para la Iglesia inglesa, de haber sido aquél una personalidad como Cisneros, que justamente entonces ocupaba en España una situación análoga.

Después de la aparición de Lutero, Enrique VIII publicó un escrito contra él, por lo cual León X le concedió el título de «defensor de la Fe», título que aún hoy ostentan los reyes de Inglaterra. Lo que decidió a Enrique VIII a separarse de la Iglesia no fueron sus convicciones doctrinales, sino la cuestión de su matrimonio.



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